Beatriz Díaz Ruiz
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“Aunque tengo 91 años, si me llaman de nuevo para hacer lo que hice y más, aquí hay Violeta Geronés Herrera para rato!” Así me dijo con una firmeza que por un momento me paralizó, porque su bastón en mano y la evidente dificultad para caminar y expresarse me tomó por sorpresa.
Al pedirle que me relatara sus inicios en la guerra revolucionaria, se remontó a sus 22 años, cuando casada y con su único hijo Francisco, vendía bonos y cosía brazaletes -distintos y más pequeños que los usuales- , que llegaban de forma clandestina hasta los que combatían en las montañas del Escambray.
Luego, al triunfar la Revolución, se insertó en cuanto movimiento transcendió en el municipio: la fundación de las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR), los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) y la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).
Recuerda que esto último ocurrió en la casa de Miriam y Rigoberto, hermanos conocidos en el poblado por sus acciones en pro del proceso revolucionario desde la época de la clandestinidad. Allí formó parte del primer buró ejecutivo de la localidad, pero al destituir a la Secretaria General, apenas unos días después, le propusieron tamaña responsabilidad y no lo pensó dos veces.
Así fue que junto a un grupo importante de mujeres, desarrollaron actividades que cambiaron el estatus que vivían la mujer y la familia cumanayagüenses en ese entonces.
“La tarea no fue nada fácil, de hecho las primeras federadas y milicianas, debían hacer guardias portando armas de fuego para resguardar los puentes y otros puntos importantes del territorio, aunamos a las amas de casas, atadas por tabúes sexistas muy fortalecidos en esa época, atrajimos hacia el estudio y el trabajo a muchachas y muchachos desvinculados, convocamos a una importante fuerza femenina para las tareas agrícolas, auxiliamos a enfermos y familias desamparadas, reeducamos a jóvenes sin amparo filial, en fin, hicimos de todo un poco para apoyar el proceso revolucionario”.
El universo era enorme y las que enfrentaron el reto con firmeza, eran mujeres con mayúscula. Y allí estaba con ellas Violeta Geronés!
“La invasión por Playa Girón y el acuartelamiento en el Círculo Social de la localidad, aunó las fuerzas dispersas al punto de recibir tantas solicitudes voluntarias de las féminas de todos los rincones del territorio”. Nos dice aun con vivo entusiasmo.
La formación de las primeras Brigadistas Sanitarias, las Trabajadoras Sociales, la recaudación para ayudar a las familias más necesitadas, formaron parte del diario quehacer de Violeta y las demás, que fieles a sus necesidades emancipadoras, tanto sociales como de género, la seguían sin reparos.
Sus intensas jornadas de trabajo eran interminables y detrás de cada una, familias e hijos esperaban ansiosos su llegada a casa, pero todas, aún sin recibir remuneración alguna, cumplían a cabalidad cada una de las orientaciones de Vilma y Fidel.
Hoy, Violeta es parte de un colectivo de personas de la tercera edad que participa de múltiples actividades en la Casa de Abuelos del municipio de Cumanayagua. A pesar de su avanzada edad, aun su mente desempolva detalles y menciona nombres con claridad como Yolanda y Olga Rodríguez, Ramona Chacón, el Doctor César, las maestras Eddy Castro y Cuca Peña, alfabetizadoras que luego colaboraron en la capacitación de las trabajadoras sociales y otros frentes.
El brillo de sus ojos llama poderosamente la atención, cuando viaja su memoria acude a sus años más activos a favor de la Revolución y de un mayor empoderamiento de la mujer cubana.
Violeta Geronés Herrera, como tantas otras -la mayoría anónimas – lleva sobre sus hombros el manto de las que nunca se cansan, las que dan todo por una causa que consideran justa y merecedora del más arduo esfuerzo, las que como ellas no solo vinieron al mundo a parir hijos, sino que también pueden dar a luz a la esperanza.
