María Julia Rodríguez Gracia
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No se trata de una historia solo de mujeres y para mujeres. En su devenir está la trayectoria viva y cotidiana de un país entero, diría que está desde que Cuba es Cuba, en las buenas y en las malas, heredera de heroicas tradiciones, presente siempre, arrolladora, indetenible.
Así es la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la que hoy llega a su 56 aniversario, organización que rectifica, crece, convoca a las jóvenes, agranda sus filas, multiplica el ejemplo de sus antecesoras con la fuerza del porvenir, en una época en la que se producen cambios continuos donde la mujer cuenta .
Somos las federadas de hoy, incansables en la batalla, en una isla en la que se construye, se edifica, se viven alegrías y se padecen, también, los avatares de la existencia diaria, en la que se siente ese hálito que emanamos las féminas porque colocamos todo el amor en lo que hacemos y coronamos la vida con la miel de nuestro cariño.
Somos “ellas”, en estos tiempos difíciles, unidas, sin abandonar la lucha por férrea que parezca, estamos en todos lados, en el surco, en la aséptica sala de algún laboratorio o en un aula de cualquier enseñanza escolar, somos dueñas de incontables historias de vida para que las cosas salgan bien en el trabajo, en la casa, en la escuela de nuestros hijos y nietos, somos muchas veces clandestinas ocultas en los espacios menos impensados, pero siempre prestas a defender la verdad con amor .
Tres palabras ponderan a la Federación de Mujeres Cubanas: trabajo, afán y sacrificio, una triada de vocablos que resume las 56 primaveras que hoy celebra la organización sin ostentar la grandeza que la distingue en una obra real que magnifica a la mujer desde el 23 de agosto de 1960, un engendro nacido para todas las féminas de la Isla y en primera instancia, para las entonces más pobres y olvidadas, una idea de Fidel, reencarnada en Vilma Espín, su eterna presidenta, quien nos dejó como legado el papel activo y de lucha contra las diferencias, los rezagos, los prejuicios y la idea fija de conquistar una vida plena rubricada por la esperanza.
