El avance tecnológico le dio una vida nueva al modo de comunicarnos: mensajería, correo electrónico y redes sociales, todo en un sólo lugar y al alcance de la mano. Paradójicamente, lo que debería acercarnos parece distanciarnos cada vez más, ya que el abuso de esas herramientas está llevando al ser humano a un mundo virtual y alejándolo del real.
Que las herramientas de comunicación nuevas son útiles nadie lo discute, bien utilizadas, claro, son excelentemente positivas porque sí ayudan directa y rápidamente a la comunicación entre personas que se encuentren hasta en continentes distintos.
El dilema aquí radica en el mal uso y abuso de la tecnología, sobre todo entre los niños, adolescentes y jóvenes. Muchos de ellos pasan horas frente al monitor de la computadora jugando el nuevo detective o simplemente dejan de mirar a alguien que tienen enfrente porque el teléfono celular los tiene atrapados enviando y recibiendo mensajes permanentemente. Basta con salir a la calle para encontrarnos con estas escenas todo el tiempo y no sólo entre los más jóvenes sino también entre los adultos.
Darle un uso adecuado a las nuevas tecnologías es el mejor camino para no perder el contacto humano. Enviar mensajes para planificar salidas puede ser una buena opción, sin tomarlo como un hábito, claro, o también la tan recurrente wifi, que ya se ha convertido en una parte indispensable de este pueblo, puede ser beneficiosa cuando la utilizamos para realizar una video llamada a un amigo o familiar que vive lejos y así nos vemos las caras, nos hablamos y nos sentimos más cerca. Estas pueden ser algunas de las buenas prácticas que se le pueden dar a la tecnología sin caer en vicios virtuales.
Indudablemente es mejor racionalizar el tiempo que le dedicamos a la computadora y el teléfono móvil. Por eso la propuesta es menos tecnología y más encuentros, porque de lo contrario nos estaremos alejando del mundo real para entrar en una fantasía virtual.
