Otra vez Fidel en Cienfuegos

16-1-1-300x190No sé por qué todas las llamadas de madrugada son tristes. Nuevamente en la madrugada del sábado 26 de noviembre se cumplió este axioma. Sonó el teléfono, medio dormido lo cogí asustado, y al otro lado de la línea, la niña desde La Habana, me dijo a secas “Murió Fidel”.
De momento no quise creerlo. No sé si nos dependimos o yo colgué el teléfono sin decir palabra. Poco después de las siete de la mañana del sábado, salí a la esquina donde algunos vecinos hablaban. Todos comentamos que nos golpeó la noticia. No estábamos preparados para ese momento.
El día amaneció aplomado, triste, como si se solidarizara con nosotros por la desaparición física de Fidel, y así han transcurrido estos días, porque nos falta algo.
En mis 40 años de periodista tuve la oportunidad de ver a Fidel en muchas ocasiones, de estar cerca de él. Ya no lo veremos más, con su paso largo, ágil, desafiando el tiempo; siempre estará entre nosotros.
Ahora hará el recorrido contrario a la Marcha de la Libertad de enero de 1959, y me viene a la mente aquella fría noche del seis de enero cuando se corrió la voz de que Fidel venía a .
Tenía entonces diez años, y quise ir con mis padres a verlo en la Calzada donde detuvo por unos minutos la Caravana. Allí intercambió con los que tuvimos la suerte de verlo junto a los Barbudos, y luego, a pedido de él, nos fuimos hasta el parque Martí donde hablaría.
Desde ese momento he sentido un tremendo respeto por ese hombre, de mente prodigiosa, de dialogar convincente, tan cercano al pueblo. Ya no estará físicamente con nosotros, pero en la historia de América, habrá que hablar de un antes de Fidel y un después de Fidel.

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