Las calles como hogar

índiceCuenta una vieja historia que Jeannette Ryder, filántropa norteamericana que vivió y murió en la capital cubana, es parte de una leyenda de amor y cuidado hacia los canes, que se remonta a principios del siglo XX.
Esta fémina, dedicó gran parte de su existencia a proteger a los animales maltratados y aunque muchos la creían loca, fundó el primer Hospicio para Animales en la Isla. Su trabajo constante hizo que ganara la admiración y el respaldo de muchas personas. Esta historia tuvo un final de leyenda: cuentan que luego de ser enterrada en el Cementerio de Colón, su perro Rinti, que la acompañó toda la vida, se echó al lado de la tumba y se rehusó a abandonarla, sin comer ni beber nada hasta que murió pocos días después. Hoy, ambos descansan en la llamada “Tumba de la Lealtad“.
Esta reflexión es parte de lo que quiero abordar en mi comentario: la deplorable situación de los , esos que se han convertido en un elemento distintivo y cotidiano del entorno cumanayaguense, tal como el constante ir y venir de los transeúntes y los vendedores por cuenta propia, transformándose en un grave problema ambiental en nuestro territorio.
El perro, desde tiempos inmemoriales, es considerado como el mejor amigo del hombre y un símbolo de lealtad. Sin embargo, hoy es víctima en las calles de nuestro pueblo y se ha transformado en parte negativa de la escena urbana.
Estos inquilinos de cuatro patas deambulan por las aceras, la plaza, comedores, y lugares donde expenden alimentos, revuelven la basura, orinan, defecan y se aparean en cualquier lugar. Su morada, en el día, es el sitio donde encuentran alimentación y resguardo del sol y, en las noches, un espacio que les permita conservar el calor, aunque no siempre encuentran un refugio y tienen que soportar los cambios de clima.
Si nos detenemos a analizar un poco, comprendemos que estos animalitos cariñosos y fieles, viven a la deriva sin protección ni amparo, son portadores de disímiles enfermedades, y muchos los alejan por la fetidez, mientras que otros los maltratan como si fuesen alimañas, tirándoles piedras y hasta agua caliente para alejarlos de su casa.
Los perros callejeros son recogidos por la Empresa de , y luego son enviados a alguna dependencia de Zoonosis, donde permanecen hasta que los adoptan, pero en su gran mayoría son sacrificados, pues las cifras de adopciones todavía son mínimas.
Pero se ha detenido a pensar usted, que distinto sería todo si no fueran abandonados a su suerte, si contaran con el amor y la ternura que ellos le profesan a sus dueños. El que ha tenido el privilegio de tener su compañía, sabe que además dan cariño y seguridad, a cambio de casi nada.

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