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A partir de la declaración conjunta de Cuba y Estados Unidos, emitida el pasado jueves sobre el tema migratorio, varias naciones han expresado su sentir en relación con lo dispuesto.
Si bien es cierto que el acuerdo allana el camino hacia la normalización de las relaciones bilaterales entre ambas naciones, la posición de Barack Obama al afirmar que en lo adelante, los cubanos recibirán el mismo trato migratorio que los de otros países, significa el fin del otorgamiento de asilo y ayuda humanitaria a quienes, procedentes de la Isla antillana, ingresen ilegalmente a territorio norteamericano, los que serán devueltos en consonancia con las leyes del país.
Mientras tanto la comunidad cubano – americana se debate entre los que apoyan al Presidente electo en su lucha contra los emigrantes, los que consideran un avance en las relaciones bilaterales y los preocupados por los que quedaron en el camino y no podrán realizar de forma ilegal su “sueño americano”. En el último sondeo sobre el tema un 62% está de acuerdo en un cambio a la Ley de Ajuste Cubano y la política de “pies secos-pies mojados”, la cual permite tocar suelo estadounidense y quedarse en esa nación.
La actitud que asumirá Donald Trump al respecto y en otras aristas de la política exterior de la llamada “súper potencia mundial”, preocupa a muchos, pero como afirmara el periodista Reinaldo Taladrid Herrero en la Mesa Redonda: “eso no lo sabe nadie” y con relación a Cuba, “ha cambiado cuatro veces de posición en cuatro lugares distintos”.
Lo cierto es que si bien Barack Obama no pudo anular las leyes en las que se fundamenta el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba, sí se atrevió a llevar el deshielo hasta un punto que hace dos años, resultaba inimaginable.
Esperemos que sus acciones fructifiquen a favor de una migración regular y ordenada.
