Dese Cumanayagua con la luz de la verdad

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TestimonioEn 1961 se crearon las Brigadas Conrado Benítez para llevar la luz de la verdad a los cubanos que estaban sumidos en la oscuridad del analfabetismo.
A los niños y jóvenes que las integraron los impulsaba el deseo de cumplir con un deber. La cumanayagüense Paula Margarita Vázquez Soto, fue uno de esos haces de luz.
“Cuando llego a la Conrado Benítez, solamente tenía el impulso existente en aquella época de hacer algo por la Revolución. Cuando el comandante Fidel castro hizo el llamado, yo terminaba de cursar el sexto grado. Con solo 12 años me incorporé y alfabetice en una comunidad al pie del Valle de Siguanea, en la Finca La Potencia. Allí tuve cuatro compañeros, alumnos que eduque.”
Aunque todos viven en su memoria, asegura quien es su alumno más recordado.
“Su nombre es Anacleto Almeida, él fue uno de los que más trabajo en el momento de la clase, pero debo reconocer que era uno de los más interesados por aprender a leer y a escribir. Tenía que recibir una atención especializada, y a veces hasta las 12 e incluso de la una de la madrugada estaba yo solita repasándole. Él quería aprender, pero le daba pena con sus demás compañeros. Para lograr educarlo me apoye en algunos métodos que nos habían enseñado en la brigada y utilice la naturaleza para hacerle llegar los conocimientos. Recuerdo que le decía: Toma el bejuquito y hazme la letra a en la tierra o le mandaba a trazarme las vocales en la ceniza del fogón. Y así, poquito a poco y con mucha paciencia, Anacleto aprendió a escribir.”
El trabajo en la Brigada fortaleció su vocación como educadora, algo por lo que siempre estará agradecida.
“Estuve rodeada de muchos educadores en esa etapa de mi vida. La casa de mi padre era el centro donde se reunían todos los alfabetizadores y maestros voluntarios de mi barrio. Esa influencia despertó más en mí, el deseo de dedicarme al magisterio.”
El vocablo educar, encierra varios significados, pero para Paula Margarita su mejor interprete fue el apóstol cubano.
“Educar es preparar al hombre para la vida como dijo nuestro José Martí. No solamente nutrirlo para llenarlo de conocimientos para instruirlos, conlleva enseñar muchas otras cosas, que no nos pueden faltar a nosotros los educadores. Hay que enseñarle a los niños a amar a la Patria, a cuidar la naturaleza, a respetarse ellos mismos y a los demás.”
Desde su amplia experiencia, Margarita brinda su consejo a aquellos que estudian el magisterio.
“No deben dejar de estudiar nunca, los maestros debemos ser una fuente inagotable de conocimientos para nuestros alumnos. Esto es muy importante, porque como dijo un reconocido filósofo: Cuando el maestro deja de estudiar, muere en él el maestro.”
Para la educadora cumanayagüense Paula Margarita Vázquez Soto, el magisterio es más que una carrera, forma parte del centro de su vida, que inició en aquellos años cuando se convirtió en un soldado de las letras y formo parte del gran ejército que erradicó el analfabetismo en Cuba.

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