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Mucho se ha hablado en los últimos tiempos acerca de los riesgos de la contaminación ambiental, pero en honor a la verdad, noto que mis coterráneos actúan como si viviéramos en otra galaxia, bien lejos de la Madre Tierra.
Cuando caminamos por nuestras calles es imposible observar el serpenteo de la red fluvial mas conocida por todos, el arroyo El Tejal, al que los propios cumanayagüenses lo hemos convertido en un cauce de aguas negras, maloliente y lleno de desperdicios de todo tipo.
Sé que el tema esta mas que trillado, pero si le digo que las actividades del verano podrían ser mucho más plenas de no ser por el grado de contaminación de nuestros ríos, debería preocuparse más, pues muchos emitimos criterios sobre la falta de opciones recreativas para los muchachos y muchachas de casa, y en este minuto me pregunto: ¿Como contribuimos realmente, a la salud de las aguas que circundan nuestro valle?
¿Acaso controlamos el destino de las aguas albañales? ¿Evitamos arrojar desperdicios de todo tipo en sus cauces? Y peor aun, si le corresponde tomar cartas en el asunto legalmente hablando, ¿por qué permite actitudes como estas?
Lo más triste del asunto es que ya no provoca asombro, y mucho menos molestias; la contaminación se ha convertido en un hábito, cotidiano por demás, y eso a mi modo de ver, es el mayor de los crímenes contra la Madre Natura.
Revisemos como actuamos, pues está en juego la salud ambiental de nuestras familias y de nosotros mismos.
En primer lugar, no lo haga en segundo, critíquelo y en tercero, combátalo desde su posición; recuerde que la salud del planeta, nos compete a todos.
