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Luego de la intervención en Austria del canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, con respecto al discurso ofrecido por Donald Trump en Miami, el pasado 16 de junio sobre la política de su administración hacia Cuba y la anunciación de venideras medidas en contra de la soberanía cubana.
El mandatario estadounidense en su afán por complacer a la ultraderecha de la Florida y desmontar el legado de su predecesor demócrata, Barack Obama, optó por afectar los intereses de amplios sectores de la nación norteña y reforzar el bloqueo, que causa ingentes daños al pueblo de la Isla. Sin lugar a dudas, su acto de “politiquería”, más que una decisión política, ha desatado un maremágnum de contradicciones, nada saludables para la actual administración.
Prueba de ello es que a menos de una semana, son muchos los preocupados porque un deterioro de las relaciones con La Habana, pueda afectar los avances en otras áreas.
La Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, recordó la importancia de trabajar de conjunto ante un derrame de petróleo en el estrecho de la Florida; combatir el ciberdelito, el terrorismo o el narcotráfico, reforzar la seguridad en la navegación marítima o compartir experiencias en el enfrentamiento al cáncer, actos que benefician por igual a Cuba y Estados Unidos.
Grupos de agricultores criticaron la postura de Trump señalando que podría detener el incremento en las exportaciones hacia Cuba, superiores a 200 millones de dólares en el 2016, a pesar de que siguen sin otorgar créditos para la compra de alimentos y nos obligan a pagar en efectivo.
Otra de las contradicciones del paso en falso de Trump es la negativa de mantener lazos comerciales con empresas administradas por las FAR, las cuales crean productos y servicios de alto valor agregado y emplean a cientos de miles de personas, y sus ganancias, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares del mundo, se revierten en la calidad de vida del pueblo.
Más de 40 empresas vinculadas al negocio de los viajes, dirigentes de gigantes como Google y Marriot, congresistas de ambos partidos, organizaciones de la comunidad cubana, los principales medios de prensa estadounidenses, líderes políticos y sociales e incluso varias entidades civiles desde la Isla, hicieron llegar al mandatario su deseo de que se mantuvieran los nexos entre Washington y La Habana.
Por el momento, La Casa Blanca sigue atrapada entre la opinión pública, que favorece los viajes y el comercio y sus concesiones a Rubio y Díaz-Balart, asesores principales del ultimo “timonazo de Trump” quienes chocan contra el inmenso apoyo a la política de acercamiento dentro de las propias agencias gubernamentales de Estados Unidos y en amplios sectores de ese país; pero como bien opinó Collin Laverty, presidente de la agencia de Viajes Educacionales a la Isla, “Cualquiera que conozca Cuba, sabe que apuntar con el dedo, señalar y amenazar, no producirá ningún resultado”.
Los pronunciamientos del canciller cubano en Austria fueron claros, hasta el momento, ninguno de los 22 acuerdos firmados entre los dos países en distintas esferas ha sido suspendido, y a pesar de que Washington haya optado por regresar a una política fallida, los cubanos continuaremos con éxito, el proceso de actualización del modelo económico.
Cuba no negocia bajo presiones, referentes a su ordenamiento interno o a su soberanía, porque con los Estados Unidos no se tienen, ni se tendrá jamás concesión alguna.
