Un sendero verde como la esperanza

Info maruchiUna de las ideas en fase de materializarse y que marcha a la cabeza de los proyectos a favor del trabajo comunitario, es “”, fruto de los más de 26 años de mancomunada labor desarrollada entre los factores de la comunidad, organismos territoriales, además de actores y demás personas que conforman el Grupo Teatro de los Elementos, dirigidos por José Oriol González Martínez.

El constante actuar a favor de los pobladores y su entorno, por parte
del promotor cultural, la bibliotecaria y los actores, garantiza un espacio a tener en cuenta en la zona donde habitan y trabajan. Así fue que los expertos consideraron que la intención cultural, podía transformarse en un proyecto turístico, y luego de cinco años de propuesto, los ejecutores de la Plataforma Articulada del Desarrollo Integral Territorial (PADIT), lo convierte en palpables realidades.

Oriol, como le llaman todos en el terruño, demuestra un evidente regocijo al hablar de los “matices” que abarca la idea, desde la relación amigable con la Naturaleza, la defensa de lo cautivador del paisaje, la limpieza y protección del agua, hasta la producción y conservación de los alimentos.

Como parte de este proyecto, los alumnos y trabajadores del centro docente “Enrique Cantero Ibáñez” ubicada en la comunidad Entronque Minas, intercambiaron con un grupo de adolescentes estadounidenses, estudiantes del nivel medio quienes solicitaron hacer le una a una escuela primaria rural.

Auspiciados por agencias de viajes como Paradiso y Sol y Mar, entre otras, la estancia de estos muchachos y muchachas en casas de familias cubanas de la provincia de Villa Clara, que los acogieron con respeto y hospitalidad les permitió establecer un encuentro con lo más autóctono de nuestra historia y tradiciones.

Durante el recorrido – explicó Oriol- reciben un recuento sobre la cultura del café, desde ver el grano en los cafetos, su recolección y el proceso de beneficio en el secadero, ven en funcionamiento a la planta procesadora, sus máquinas e instrumentos y finalmente, degustan el aromático néctar.

Una pormenorizada explicación sobre la historia y el quehacer del grupo de teatristas durante más de un cuarto de siglo, trabajando con y para la comunidad, su afianzamiento en tierras laboradas por emigrantes españoles y más tarde, junto al actor Isnoel Yánez dialogan con el alma y la Naturaleza en la arboleda donde disfrutan del perfume de las mariposas, se toman de las manos, descansan y dejan que su espiritualidad se eleve entre el trinar de los pajarillos que allí habitan.

En la zona del Palenque les hablan de la resistencia negra en la montaña y los invitan a danzar ritmos legendarios a los compases del toque de sus tambores y culminan con una visión de un bohío campesino donde se acercan a sus costumbres y utensilios de labranza.

Ya en el Ranchón, expresan lo que más les impactó a través del play back o teatro espontáneo y devuelven con el arte de las tablas, lo que han aprendido durante la visita.

La idea tiene más de ambientalista que de utilidades, pero es bueno esclarecer que el 30 por ciento de los ingresos es destinado durante cinco años, a los bancos del territorio, como valiosa contribución al progreso económico y social del municipio montañoso.

La Casita del Prado, una vez remozada quedará incluida en el proyecto, como punto obligado para el encuentro con los niños, artistas locales y una oferta gastronómica oriunda y diferente a las tantas que regodean el ambiente. A ella se unirán el Portón del Grupo Teatro de los Elementos, la galería de Nelson Domínguez y una vez concluido el restaurante, en la segunda mitad del año, les permitirá dirigirse hasta el balneario El Nicho, como colofón al paseo por un sendero atrayente con mucho de cultural y ecología.

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