Vigentes en el recuerdo

Cumanayagua-Barbados-terrorismoHay día que prometen ser inolvidables porque la alegría los colma y hechos que pueden marcar la historia, así pensaban los 24 estudiantes del equipo juvenil de esgrima, que representó tan dignamente a Cuba en el Campeonato Centroamericano y del Caribe, donde ganaron todas las medallas de oro y de los cuales varios no llegaban ni a los 20 años. Era el día de regreso a la Patria que los recibiría con orgullo y la fecha, sin dudas, marcaría la historia gloriosa del deporte revolucionario.
A bordo del fatídico vuelo 455 viajaban 73 personas, entre ellos 11 guyaneses y cinco norcoreanos, que también tenían sueños e ilusiones que echaban a volar en esta fecha.
El avión partió desde Guyana hasta la capital cubana, vía las islas de Trinidad, y Jamaica, pero nunca alcanzó el final de su trayectoria. A los nueve minutos de despegar del aeropuerto y a unos 18 mil pies de altura, estalló.
No fue un accidente. Fueron dos bombas salidas de las ideas y manos de personas, cuyos nombres arden en el recuerdo. Así, en minutos, se materializó uno de los crímenes más abominables en nuestra historia. Hijos que no vieron regresar a sus padres, padres a los que arrancaron la mitas de su ser, hogares en los que se apagó la alegría y un pueblo, que aunque han pasado muchos años, derrama lágrimas de dolor ante la injusticia y el crimen sin castigo.
Finalmente el sueño se cumplió, aunque convertido en pesadilla terrible, porque la fecha del seis de octubre marco para siempre nuestra historia, la que hay que conocer, para que el olvido y la ignorancia no borren de nuestras mentes el dolor y las heridas que aun sangran por la impunidad de quienes las perpetraron.
La venganza es un acto mezquino e indigno, pero lo que el pueblo reclama es la mano y el peso de la justicia, sobre quienes cambian, con horror, la existencia y siembran el dolor en las vidas inocentes.

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