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Cuando un año termina, nos deja vivencias y recuerdos, el “viejo” 2017 se va y con él se lleva dolores, insatisfacciones, esperas no consumadas, pero también logros, sorpresas, idilios alcanzados y la tremenda satisfacción de estar aquí, justo en el momento de reconocer que hemos vivido otro periodo y podemos contarlo!
Nos enfrentamos a dudas, a indecisiones si vamos por el camino correcto, si seremos capaces de continuar la senda trazada por los que ya no están, y si, miramos a nuestro alrededor y vemos que estamos preparados aunque creamos que aún nos falta por aprender y si, seremos capaces de andar, crecer y enfrentarlo todo.
Muchos ya pasaron por casa, otros tocarán a la puerta de imprevisto en una sutil sorpresa, en contubernio con amigos que llenarán la casa de alegría y gritos. Algunos lamentarán ausencias en la mesa familiar a la hora de la cena, pero aun así, sabemos que tarde o temprano, regresarán, porque siempre regresan.
Nos daremos las gracias por mantener la fuerza que nos permite esforzarnos cada día, trabajar muy duro, ayudar a sanar la herida ajena y evitar nuevas desgarraduras, a eso se le llama sabiduría o madurez.
Con el cubo de agua que lanzaremos justo a la media noche, el muñeco que arderá en medio del barrio, o el traquido del coco roto frente a la casa, despediremos lo que No pudimos alcanzar, algún sueño roto o una triste desilusión y a la vez, daremos la bienvenida a un nuevo enero y llenos de optimismo, desearemos salud, felicidad, amor y muchas cosas buenas en cada abrazo.
¡Qué mejor regalo que despedir un periodo de esfuerzos, para emprender llenos de júbilo una nueva contienda!
Aférrate a tus amigos, disfruta a tus familiares, confía en ti mismo y veras lo hermoso de despedir al año viejo que se va, y trae de la mano al 2018, que llega guiñándonos un ojo y regalándonos una tenue sonrisa.
