José Martí: un hombre de todos los tiempos

La frase que titula este trabajo no es nada nuevo para los cubanos y las personas de buena voluntad del mundo; incluso para aquellos que con toda la maldad han querido opacar la luz del Héroe Nacional de Cuba.

Y es que Pérez, sencillamente Martí, el Maestro, irradia luz cada día. Lo hizo a lo largo de su vida y esa llama de esencias, principios y definiciones de lo cubano, la independencia, la soberanía, el antiimperialismo, el humanismo sigue prendida fuerte y vigorosa en estos tiempos de modernidad y de distancias acortadas por la tecnología.

No admite oscuridades Martí, su ejecutoria revolucionaria, su obra política y literaria son luminosas y así llegan a nosotros como si hubieran sido pensadas, escritas y dichas ahora mismo.

“Pueblo que se somete, perece” aseguró el cubano universal y esa máxima no la abandonamos nunca; si queremos tener certeza de ello el concepto de Revolución expresado por el líder indiscutible de la Revolución cubana, martiano también expresó que Revolución es “emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional”. He ahí esa luz que ofrece continuidad y fortaleza de la independencia, de la soberanía.

No es retórica la alusión a José Martí en muchísimos momentos de la vida y es que la amplitud de su pensamiento nos hace preguntarnos si existió alguna materia que fuera ajena al hombre que decidió echar su suerte con los pobres de la tierra; por ellos se entregó en cuerpo y alma a la lucha; por ellos murió o mejor aún vivió para siempre en Dos Ríos.

Este se cumplen 165 años de su y todas las acciones que se prevén no son puro formalismo, ni conmemoración vacía. No pueden serlo porque esa universalidad martiana es nutriente perenne para esta que sigue de pie, enfrentando los desafueros de una administración norteamericana que insiste en hacernos colapsar.

Martí es asidero, historia y presente. Martí es Cuba y su pueblo sabrá homenajearlo siguiendo la ruta que él mismo nos dejó, en el Discurso en conmemoración del 10 de octubre de 1868, en Hardman Hall, Nueva York, precisamente el 10 de octubre de 1890: “el porvenir, sin una sola excepción está al lado del deber. Y si falla, es que el deber no se entendió con toda pureza, sino con la liga de las pasiones menores o no se ejercitó con desinterés y eficacia”.

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