Proeza Sindicalista Cubana

En cumplimiento de la promesa hecha por los sindicalistas cubanos, en el Segundo Congreso Obrero Latinoamericano, se realizó del veintitrés al 28 de enero de 1939 en La Habana el Evento Constituyente de la Confederación de Trabajadores de Cuba.

El acuerdo más trascendental de aquel encuentro fue declarar disuelta la CNOC, la cual había desempeñado dignamente su papel, para en su lugar crear la Confederación de Trabajadores de Cuba (). Para ocupar el cargo de secretario general de la organización se eligió al obrero Lázaro Peña por su destacada trayectoria como dirigente popular y por su honestidad y valor.

Aunque en ese mismo año se pidió la legalización de la organización, no fue hasta el nueve de abril de mil novecientos cuarenta y tres que el movimiento sindical tuvo reconocimiento legítimo. Desde sus inicios esta organización fue vigilada por los gobiernos títeres que existían en la isla al servicio de Estados Unidos, como consecuencia de ello, algunos líderes sindicales como Jesús Menéndez y Aracelio Iglesias resultaron asesinados.

Hasta mil novecientos cuarenta y siete la organización se desempeñó dignamente, pero a partir de este año fue utilizada por gánsteres al servicio de despreciables elementos burgueses, para malversar fondos y robar dinero del presupuesto nacional.

Con el triunfo revolucionario, el proletariado cubano recuperó su CTC. Para diferenciarla de los últimos años, el pueblo comenzó a llamarla CTC Revolucionaria. El 20 de enero de 1959 fueron depuestos de sus cargos todas las personas, que antes del día primero, integraban las directivas de la Confederación de Trabajadores de Cuba, puestos que fueron ocupados por cubanos dignos entre los que se encontraban sindicalistas pertenecientes al Movimiento veintiséis de Julio.

El mismo día veinte de enero fueron derogadas todas las leyes que obligaban a los obreros al pago de la cuota sindical obligatoria. Cesó con ello la obligación impuesta de forma arbitraria a los obreros de pagar cuotas u otras contribuciones a los organismos sindicales sin contar con la voluntad de los afectados.

En noviembre de 1959 se eligieron en todos los sindicatos del país, en limpias asambleas generales, los delegados al Décimo Congreso Obrero, primero de la CTC, lo que constituyó un paso democrático definitivo y en el año mil novecientos sesenta y uno cambia su nombre al de Central de Trabajadores de Cuba.

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