Apatía

El premio nobel de literatura José Saramago expresó: “Las sociedades son apáticas y ni siquiera la evidencia de los hechos las conmueve o las mueve. Si no hay se puede llevar a las sociedades donde quiera.”

En los últimos años es posible apreciar que los adolescentes y asisten a las actividades culturales desmotivados o por compromiso escolar y la apatía hacia estas queda bien clara a través de sus opiniones.

Pero no podemos ser ingenuos, la cuestión va más allá  de los criterios, detrás de ellos subyacen penumbras administrativas que inciden en estas actitudes. Me refiero a los trillados guiones de cualquier actividad en el que se repiten números culturales, esquemas del programa en nuestros depauperados locales, y esto me hace recordar a un artista cienfueguero que para ironizar sobre el tema comentó: Ahí comenzó “La Metodología del Acto”.

Por otra parte, creo que la apreciación de las buenas producciones  musicales, dista mucho de lo que debe ser en realidad, los jóvenes en su gran mayoría, cada vez están más distanciados de escuchar música inteligente  en las composiciones de Raúl Paz, Tony Ávila o Buena Fe, por citar algunos,  pues    simplemente oyen  a uno de los  íconos  del momento, el vulgar, superfluo y sin sentido Luyan.

Corresponde a lo mejor de la intelectualidad cumanayagüense repensar las estrategias de promoción cultural, con la visión de nuevas propuestas que incluyan públicos de todas las generaciones, y abrirse a ideas novedosas de nuestros artistas locales.

Si nos regocijamos tanto de que la escuela es el principal centro cultural de la comunidad, entonces por extensión debemos decir que tienen su cuota de responsabilidad en este sentido, ¿cuántas lecciones de historia, educación cívica y otras materias pueden abordarse desde una canción inteligente?

Las clases, a pesar de las nuevas tecnologías, carecen de elementos para  motivarlas, lo cual deja de  surtir el efecto deseado en los alumnos.

Pensemos entonces en cultivar desde tempranas edades una enriquecedora, y para ello es necesario alejarnos de la monotonía. Nadie lo ha definido mejor  que Paulo Cohelo:

“Cuando todos los días resultan iguales, es porque el hombre ha dejado de percibir las cosas buenas que surgen en su vida cada vez que el sol cruza el cielo”.

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