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El ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva no se entregó hoy a la Justicia para cumplir una pena de cárcel por corrupción, como había ordenado un juez, y aplazó con ello el desenlace de un drama judicial que mantuvo durante horas en vilo al gigante sudamericano.
Según la estatal Agencia Brasil, Lula podría entregarse mañana sábado, de acuerdo a intensas negociaciones que realizaban sus abogados con la Policía. La expectativa era que el político de 72 años pueda conmemorar junto con su seguidores en Sao Paulo, todavía en libertad, el que hubiera sido el cumpleaños 68 de su esposa Marisa Letícia, fallecida el año pasado. La Policía confirmó que no intentaría ejecutar un arresto hoy.
Lula pasó todo el día acuartelado en la sede del Sindicato de los Metalúrgicos de Sao Paulo, el lugar donde inició su carrera política como joven líder sindical en los años 70. El ex presidente permanece en el local ubicado en Sao Bernardo de Campo en la periferia paulista desde la noche del jueves, poco después de que se diera a conocer la orden del juez Sérgio Moro para su ingreso en prisión.
Moro, el magistrado principal de la megacausa sobre corrupción política “Lava Jato” (“Lavado de autos”), había dado plazo a Lula hasta las 17 horas de hoy (20:00 GMT) para que se entregue en la sureña ciudad de Curitiba, donde está su tribunal.
El caso sacudió al país. Decenas de miles de seguidores del ex presidente, favorito para las elecciones presidenciales de octubre pese a su condena por corrupción, se congregaron frente a la sede del sindicato. En más de 50 ciudades hubo protestas, según Agencia Brasil.
El Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra (MST), una emblemática asociación social afín a Lula, sostuvo que al menos una persona resultó herida de bala en el norteño estado de Paraíba ádurante una protesta que cortó una carretera. En Brasil se especuló durante horas con un arresto forzoso por la tarde.
La Justicia rebajó la tensión en la noche al comunicar que no consideraba a Lula prófugo, pese al plazo de entrega incumplido.
“La condición de prófugo es específica. Tiene que haber componentes de fuga, de negativa de comparecencia. Terminó el plazo para que él se presente voluntariamente”, citó una fuente policial, Luís Antonio Boudens.
La directriz iba en la misma dirección que ála estrategia elegida por la defensa de Lula para afrontar su inminente encarcelamiento. La interpretación jurídica era que la orden judicial de Moro sólo consistía en una “propuesta”, ya que le daba al ex presidente un plazo “voluntario” para entregarse.
“Quiero dejar en claro que no hay, por parte de Lula, ningún incumplimiento del mandato de prisión expedido por el juez Sérgio Moro. Él (Lula) tenía la opción, dada por el juez, de ir a Curitiba: no ejerció esa opción”, sostuvo Gleisi Hoffmann, presidenta del Partido de los Trabajadores (PT) y correligionaria del ex presidente, frente a la sede del sindicato en Sao Paulo.
José Roberto Batochio, uno de los abogados de Lula, se manifestó en forma similar. “No habrá resistencia, pero él no irá al matadero de cabeza baja por voluntad libre y espontánea”, dijo en declaraciones al diario “Folha de Sao Paulo”.
Y agregó: “Esto no es rebelión: es un derecho de la persona de conservar su libertad y no contribuir a cualquier acto que pueda suprimirla”.
La defensa volvió hoy a desplegar una serie de recursos legales para intentar mantener al ex presidente fuera de pri sión. En la noche del jueves ya habían enviado áun pedido de “habeas corpus” a la segunda corte del país, el Superior Tribunal de Justicia, para intentar frenar la orden de Moro.
Después de que la corte rechazara por la tarde el recurso de urgencia, los abogados lo enviaron a la Corte Suprema, el mismo tribunal que ya había rechazado el jueves el államado “habeas corpus preventivo” en un fallo que desencadenó la orden del juez Moro. La previsión era que el Supremo Tribunal Federal (STF) descartase áel pedido.
Lula fue condenado en enero a doce años y un mes de prisión por corrupción en el marco del “Lava Jato”, por cargos de que áaceptó áque una constructora remodelara un tríplex de su propiedad a cambio de favorecerla en negocios con la petrolera estatal Petrobras.
A pesar de su inminente encarcelamiento y su condena en segunda instancia, el ex presidente no declinó su precandidatura para las elecciones presidenciales de 2018, para las que es el máximo favorito según todos los sondeos.
