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A pesar de que las cifras de accidentalidad del trabajo muestran en el país una significativa reducción con respecto a años atrás, muchos trabajadores pierden la vida o sufren graves secuelas, lo cual lleva a las autoridades nacionales y foráneas a valorar este aspecto con la profundidad que amerita.
Celebrar el Día Mundial de Seguridad y Salud en el Trabajo, cada 28 de abril, implica la realización de jornadas, talleres, campañas y revisiones de planes de protección a los trabajadores, pues las normativas están presentes en la legislación cubana y establecen obligaciones a empleadores, trabajadores y organizaciones sindicales, sobre la preservación de la integridad física de los laborantes.
A diferencia de otros países donde existen condiciones adversas, Cuba posee un programa nacional de salud para prevenir determinados riesgos y accidentes, y evitar enfermedades profesionales a los trabajadores, de ahí la importancia de conocer los peligros, pues no siempre las condiciones son favorables.
La exposición a niveles de ruido superiores a los permitidos, el estrés, la falta de condiciones higiénico sanitarias, de iluminación, de ventilación, el excesivo polvo, exhalaciones de monóxido de carbono y alquitranes, emanadas de la combustión del cigarro y otros productos del tabaco, crean un ambiente laboral complicado que incide en la respuesta del ser humano ante el control de dolencias como el asma, la diabetes e hipertensión arterial, en detrimento de la calidad de vida.
Las cifras hablan por sí solas, es por ello que identificar los riesgos, incluidas la higiene mental, las dolencias no trasmisibles y el diagnóstico y prevención de las enfermedades profesionales, es un tema que precisa un mayor grado mayor de conocimiento y auto
responsabilidad.
