Martí inmortal

Cada persona llega a la vida con  el precepto de cumplir una función, padres amorosos, madres  perennes, oradores, líderes, poetas.

Nuestro  desde muy joven definió que su vida
estaría entregada por entero a la dignidad, un vuelo eterno hacia lo desconocido, una vida plena de pasión con una entrega estoica que
estremece.

Tras organizar el pensamiento independentista cubano y   reagrupar las pasiones, escribió a un amigo dominicano: “Yo evoqué la guerra: mi responsabilidad comienza con ella, en vez de acabar. Para mí la Patria no será nunca triunfo, sino agonía y deber. Ya arde la sangre. Pero mi único deseo sería pegarme allí, al último tronco, al último peleador: morir callado. Para mí, ya es hora” sentenció.

Tal parece que desafiaba a la , al negar que acaso fuera cierta, si se había procedido bien, al cumplir con la obra asignada para cada ser humano.

Durante su estancia en los Estados Unidos como nación en ascenso,  descubre sus verdaderas intenciones para con América y el desprecio hacia sus pueblos;  e insiste calladamente en detener sus malsanas intensiones. Cuba, después de lograda su independencia, establecería un gobierno que a su juicio, debía respetar las reglas básicas de civismo y desarrollo.

Su vida y su obra solo tenían un nombre: Patria y con ella, la Humanidad entera.

Vino al mundo a  alumbrar mentes, a despertar espíritus, a esparcir ideas, esa fue  su apostólica tarea: los balazos recibidos en su
cuerpo aquel 19 de mayo de 1895, ni siquiera rozaron su pensamiento, permanece entre los que aman la libertad y ser dignos hijos del suelo que los vio nacer.

Y sin lugar a dudas, nuestro José Martí, cumplió.

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