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Ser cumanayagüense es una distinción especial y lo digo sin chovinismo alguno, sino basada en la experiencia vivida durante más de cinco décadas compartiendo día a día, el latir de mis coterráneos.
Cada etapa ha estado marcada por características disímiles, por ejemplo en la década de los setenta – cuando a pesar de mi niñez- noté que el cinturón apretó bastante, nuestros carnavales y las bellas carrozas construidas en la propia localidad, hacían que muchas personas de diferentes lugares asistieran sin dilación a aquellos jolgorios, verdaderos ejemplos de entusiasmo, variedad y diversión, apenas podíamos caminar por las calles ….. Ah y también existía disciplina, porque independientemente de alguna que otra disputa a puñetazos, la fiesta continuaba invariable.
La década de los ochenta marcó a Cumanayagua como un espejo del desarrollo industrial y gastronómico del país, aparecíamos casi a diario en el NTV por los logros de sus escuelas en el campo, sus empresas agropecuarias y recibíamos visitantes de todas partes con el propósito de acaparar experiencias del avance y presencia de las unidades del terruño. ¡Qué tiempos aquellos!
Hoy, mi pueblo, orgulloso como siempre ha sido de sí mismo, también exhibe logros, que si bien determinadas circunstancias- más subjetivas que objetivas- impiden el avance, la tradicional fuerza de su gente por brillar y salir adelante a pesar de todo, es perenne.
Los cumanayagüenses creamos, enfrentamos obstáculos, pero también denunciamos cuando vemos el pueblo enmohecido, opaco o con pocas ofertas en cualquiera de las esferas de la vida. Reclamamos y reclamaremos por la Plaza, la Piscina, los Carnavales, los rituales, el Prado, los ríos y las playas, Todo lo nuestro!!
Al irte lejos sientes la enorme necesidad de volver, pides y disfrutas información, fotos de tu querido pedacito de Patria, desde cualquier parte del país o del mundo. No dudemos nunca de que la mayor distinción que nos hace diferentes, es ser precisamente cumanayagüense. ¿Verdad que si?
