Cueva Martín Infierno: un paraíso singular cumanayagüense

Los cumanayagüenses somos afortunados de vivir en este valle entrerriano, cuna o de magníficas personas, pero también fuente de bellezas naturales. Una de nuestras más valiosas posesiones, admirada en todo el mundo, es la Martín Infierno, situada en un lugar conocido como “El Colorado”.

De solo escucharla nombrar parece que descendemos en sus adentros hasta el mismo centro de la Tierra. Y no es para menos, la caverna está situada a unos 650 metros sobre el nivel del mar, tiene 793 metros de largo, y de su entrada al fondo tiene un desnivel de 197 metros. Todo un desafío para los amantes de la exploración. Pero siempre hay quienes gustan de los retos, pues fue un valeroso aficionado de la espeleología, quien llegó casualmente al lugar en 1967 y decidió adentrarse en sus profundidades. A partir del afortunado descubrimiento, reconocidos especialistas en la materia, como el Doctor Antonio Núñez Jiménez, viajaron hasta este paraje de la nuestra geografía para comprobar su autenticidad.

En cuanto a por qué la gruta lleva tan inigualable nombre, existen varias leyendas ya casi desconocidas, pero que los octogenarios del territorio sí recuerdan. La más atinada cuenta que un esclavo prófugo llamado Martín perteneciente a un hacendado trinitario, se topó de pronto con este abismo, y preso del miedo por la cercanía de sus perseguidores, cayó al vacío en el preciso lugar donde hoy se encuentra una enorme estalagmita.

Precisamente ese es el rasgo que ha dado a la connotación internacional cueva, pues en uno de sus salones, el llamado “La Furnia del Infierno”, se encuentra la estalagmita más alta de mundo. Según cálculos de un trabajo realizado por el grupo Samá, la Sociedad Espeleológica de Cuba y un conjunto de especialistas de diferentes países, la distinguida formación calcaria cuenta con 67,2 metros de altura, 30 de diámetro en la base y cerca de 100 mil toneladas de peso. Estas medidas desplazaron con creces del primer puesto a la que se encuentra en Hungría, en la gruta Aggtelek y mide unos 25 m.

Por sus valores naturales la caverna cumanayagüense fue proclamada Monumento Nacional en el año 1990. En su interior se encuentra una colonia de plantas de café parecidas a los bonsáis; flores de yeso, únicas en Cuba; y una colonia de murciélagos del tipo mariposa, los más pequeños del mundo.

Sin embargo no solo la cueva en sí es digna de admiración, pues en sus alrededores también se aprecian aves endémicas como el zunzún, el tocororo, el arriero, el tomeguín del pinar y de la tierra que hacen de este lugar un verdadero paraíso.

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