Fidel, un hombre sin tiempo

Él nació sin tiempo, así tiene que haber sido, porque para cuando nací yo, él ya era grande, ya había hecho mucho, había hecho tanto, que en mi familia ya lo veneraba.

Pero a mí me hicieron creer desde que nací y por mucho, pero mucho tiempo que era infranqueable y me lo demostraron ampliamente con el fracaso continuo de los más de 600 intentos de asesinato. También me dijeron que era un profeta, pero muy contrario al refrán popular, este era profeta también en su tierra.

Y así pasaron los años y más tarde me aseguraron que era el hombre con más hijos en el mundo, y luego que era el loco más cuerdo que jamás se hubiera conocido sobre la tierra. Que paradójicamente a su humildad no tendría ganado el Paraíso, como seguro tampoco lo tendría el Quijote, por la virtud de enfrentarse a molinos de viento; algunos enfrentamientos hechos de antemano, que solo comprenderíamos los mortales años después, cuando el aire nocivo del constante girar de las aspas pretendieran nublarnos la razón.

Creí casi todo sin cuestionar, hasta que lo vi caer, era quizás una muestra de que era un hombre de carne y huesos como otro cualquiera, no era inquebrantable, no, ni invencible, enfermaba como otros, padecía como otros, envejecía, y como otros también murió, pero lo que tal vez lo aleje de los mortales no es precisamente su armadura de hierro, ni su coraza esculpida por los mismos dioses, sino su amplio ideario, su condición de hombre futurista, su solidaridad, su amor infinito a los más humildes de la tierra

A mi hombre sin tiempo, , se le arrugaron las manos, se le manchó el rostro, se le cortó la voz, pero al parecer aún con su deceso continúa siendo profeta, le siguen naciendo hijos, hablantes de las más extrañas lenguas y bajo cualquier credo y como mitológica ave fénix continúa cabalgando con más fuerza entre su pueblo, ese que lo venera y aún hoy a un año de su partida lo llora y lo enaltece.

Rara manera de aprender que el cuerpo queda preso de los avatares diarios y que la inmortalidad radica en otras razones más poco entendibles, sin capas ni máscaras, sin superpoderes, sin tiempos, la inmortalidad es fruto de aquellos que dedican su vida a engendrar las obras humanas más maravillosas.

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