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De nuevo la mano enemiga, el poderoso norte decidió, con la arbitrariedad que lo caracteriza, permitir que el titulo tres de la más anticubana de las leyes, la Helms Burton, se abriera paso soberbio para exigir ante los tribunales del voraz imperio, demandas contra empresas cubanas que permanecen incluidas en la lista de entidades restringidas.
Vuelve la manzana podrida a colocarse sobre la mesa, para bajo su amparo ilegal, arremeter presiones brutales contra nuestra isla bloqueada. Ahora exhiben nuevamente una carta de triunfo que año tras año, el gobierno y pueblo cubano ha echado por tierra: la Helms Burton, macabra creación que pretende aún más asfixiar a todo un pueblo, prohibir por demás a ciudadanos estadounidenses realizar transacciones financieras con entidades que el documento guarda con nombre y apellidos en su lista siniestra.
El título dos de la mencionada ley pretende el derrocamiento del gobierno revolucionario, para luego como, Salve César, entrar con su dominio interventor en Cuba, nación que con sangre mambisa regó sus campos y luego patriotas íntegros, levantaron sus armas para luchar contra quienes preconizan ser los salvadores del mundo.
Hoy pretenden quitar ese hospital, esa casa de abuelos, el círculo infantil donde enseñan el concepto martiano que Patria es Humanidad, espacios conquistados por todos y para el bien de todos. Pretenden arrebatar como lo que con tanto sacrificio ha concebido la Revolución de los humildes y para los humildes con el acecho implacable de su política exterior.
Sepan señores imperialistas, apéguense un poco, tan solo un poco a la historia que nunca aprendieron ni aprenderán, porque fue escrita con sangre, defendida con principios, para el bien de muchos, y no de pocos, como los que piensan demandar o asustar a todo un pueblo.
El centro escolar de nuestros hijos, ese hogar que alberga a no pocos ancianos amparados por la seguridad social de un país como el nuestro, los edificios multifamiliares que resolvieron el gran problema de la vivienda y que fueron erigidos según ustedes en terrenos de ciertas y determinadas compañías, son propiedad de una sola persona multiplicada en muchos y que se nombra: pueblo.
Un pueblo, señores imperialistas, que como los mambises, lanzarán el grito de a degüello para defender los sueños de Martí, de Céspedes, de Fidel y con la guía certera del Partido y la continuidad histórica, está dispuesto a vencer o morir.
Esta es nuestra opinión este es nuestro criterio.
