En las páginas de Girón

El lamentable saldo de 7 muertos y más de 50 heridos, llenó de luto a las familias cubanas luego de los  bombardeos del 15 de abril de 1961, por aviones norteamericanos contra las bases aéreas de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba. La acción perseguía como objetivo, además de provocar miedo y confusión, destruir en tierra la escasa y anticuada fuerza aérea cubana, para asegurar la impunidad de otras incursiones enemigas por vía terrestre.

Ese día, ocho bombarderos B-26 despegaron desde Puerto Cabezas, en Nicaragua. Al aproximarse a Cuba tomaron tres rumbos diferentes: la escuadrilla Puma, atacó el aeródromo de Ciudad Libertad. Linda, dirigida a Santiago de los Baños y Gorila atacó el aeropuerto de Santiago de Cuba. Los aviones iban camuflados con las insignias de la fuerza aérea cubana.

Un noveno bombardero B-26 voló directamente de Nicaragua a Miami y dio la versión pública de deserción y rebeldía de los pilotos de la Fuerza Aérea Cubana. De aquellos B-26, solo cinco regresaron a Nicaragua. Uno, derribado por las fuerzas revolucionarias, otro «tocado» por la artillería rebelde tuvo que aterrizar en Cayo Hueso, mientras que un tercero, tocó tierra como emergencia en la isla Gran Caimán.

La mañana siguiente durante el sepelio de las víctimas, el Comandante en Jefe Fidel, proclamó ante el mundo el carácter socialista de la naciente revolución cubana. Era el mejor tributo a los que ofrendaron sus vidas en el bombardeo a los aeropuertos el día anterior, y con la visión que siempre lo caracterizó, ante la multitud  concentrada en la esquina habanera de 23 y 12,  denunció:

“El ataque de ayer fue el preludio de la agresión de los mercenarios, el ataque de ayer, que costó siete vidas heroicas, tuvo el propósito de destruir nuestros aviones en tierra, más fracasaron…”

Y tal como lo predijo, en la madrugada del 17 de abril la Brigada de Asalto 2106, desembarcó por y Playa Larga, sólo que nunca pensaron que 72 horas bastarían para que sufrieran la primera y más vergonzosa derrota en el continente americano.

Así quedó en  la historia del Imperio y para gloria de los caídos y de este pueblo que ha demostrado más de una vez, que  es y será el único arquitecto de su propio destino.

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