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En 1996 tenía seis años, pero recuerdo con exactitud la algarabía en el Malecón cienfueguero. Parecía que el mar hablaba, y los nativos de esta tierra comprendían bien aquel místico lenguaje.
Yo junto a mi madre, me apresuraba para encontrar un espacio entre la multitud, y aunque igual no entendía bien, recordaba aquella hermosa lancha de ribetes amarillos que todos conocían como “Corona”, o la del intenso color azul “Cienfuegos”, por entonces mis favoritas.
En aquel tiempo, el diálogo con la bahía cienfueguera y su gente era un deleite; eventos náuticos que todos disfrutaban, carrozas marinas, la pista acuática de Jagua devenía atractivo cultural y recreativo, que en la difícil década del noventa distraía masivamente al pueblo agolpado sobre los muros guardianes de la bahía.
A medida que crecí, quizás la propia coyuntura temporal lo explica, aquellos que éramos pequeños no heredamos la sabiduría del lenguaje cómplice, parecía que el mar enmudecía, y esa melancolía lo convirtió en mero refugio de buques industriales, y escasas embarcaciones turísticas.
Mi generación creció sin la intimidad con el mar, apenas las superficiales caricias de sus playas. Mustiamente rememoro las exóticas toninas, nuestros delfines tropicales que risueños acompañaban a los marineros y extintos visitantes del mar.
Solo una vez he paseado por la bahía, y fue en aquella época, de la que apenas recuerdo algo. Por tanto, como yo, muchos sentimos que el orgullo de la ausencia envaneció el vínculo, y desde entonces aprendimos a darle la espalda desde el muro del malecón, y a solo contemplar calladamente el atardecer sobre su horizonte.
La añoranza permaneció dormida hasta que, cual caja de pandora, una interesante propuesta festiva cultural y deportiva ha reavivado los sombríos recuerdos de las festividades marineras, y logra alentar el interés por cortejar ese apacible espejo de cristal azulado que abraza nuestra inmensa tierra.
Fiesta de los Amigos del Mar, apuesta por las tradiciones acuáticas
De la mano del director artístico cienfueguero Roly Martínez llega esta novedad cultural y deportiva.
Del 18 al 21 de abril los sureños recobrarán el disfrute del entorno marinero, gracias al resultado de una investigación que ha convertido la nostalgia en un proyecto devenido regalo por los 200 años de la otrora colonia Fernandina de Jagua.
“Festimar cubre una necesidad espiritual de nuestro pueblo, las regatas han sido una de las modalidades más preservadas en el territorio, pero existían las competencias de lanchas Fórmula T1, y las Acuabike que al desaparecer dejaron un vacío latente en nuestras costumbres”, afirma el líder de este proyecto.
La conocida también como Bahía Revienta Cordeles vivirá un intenso programa náutico de carácter competitivo y de exhibición, dispuesto para la asistencia masiva del público en zonas como el Malecón, y el maleconcito, en este enclave quedará emplazada la plataforma para espectáculos que contará con diversos invitados del ámbito artístico.
En reciente Conferencia de prensa, autoridades gubernamentales, de la Dirección Provincial de Cultura, y el INDER, precisaron que se garantizarán las ofertas gastronómicas en las calles aledañas para facilitar la asistencia masiva del público cienfueguero.
Durante la cita, los organizadores del proyecto confirmaron la existencia durante la jornada de aeromodelismo, paracaidismo, vuelo en paramotor, y en la modalidad de ultraligero.
En los deportes náuticos figuran competencias de kayak, velas, remo, exhibiciones de motos acuabike, todo configurado para competir durante tres días, y realizar premiaciones.
María de los Ángeles Berovides, profesora de la carrera de Estudios Socioculturales de la Universidad de Cienfuegos, a cargo del Coloquio de los Amigos del Mar, previsto a inaugurar la jornada festiva, explicó…
“La conservación de bienes culturales relacionados con el mar será el eje de las exposiciones de carácter científico, pero lo más importante es la convocatoria para que asistan todos los cienfuegueros que resguarden testimonios fotográficos o documentales del pasado en aras de atestiguar el lazo perenne de los habitantes con su entorno marino”.
En el programa oficial del Festimar, visible ya en las redes sociales, destaca el desfile inaugural que se simultaneará por tierra y mar. Desde la avenida del Prado, desfilarán organizaciones de masas y estudiantiles, deportistas sureños, también la presencia de dieciséis motos de carrera del Proyecto Motocien que escoltarán el tránsito de las embarcaciones hasta el mar, así como la comparsa de Los Moros azules.
Entre los encantos de esta fiesta sobresale además el concurso de embarcaciones de la Federación de Pesca Deportiva que decoradas al estilo de carrozas a cargo de diversos sindicatos de la Central de Trabajadores de Cuba en la provincia, amenizarán el amplio programa.
A la deidad Yoruba de Yemayá, madre de las aguas se le dedicará un artístico homenaje, que se aspira a cerrar con el concierto de la reconocida agrupación Síntesis.
El Festimar constituye un verdadero regalo a la bicentenaria Perla del Sur, y que pretende mantenerse con carácter anual como uno de los eventos trascendentales en el rescate de nuestra ancestral cultura marinera.
Quizás quienes añoran la intimidad con estas apacibles aguas, logren descifrar el enigma que desde hace doscientos años trasciende en la cultura de los moradores de esta tierra que enamora y encanta, que algunos llaman Cienfuegos, y otros reconocen orgullosos como la Perla del Sur.
