Zapaticos de historia y dolor

Ya han pasado 58  años y , la niña carbonera de  la Ciénaga de Zapata que se convirtió en por el brutal atropello al cual fue sometida, no olvida cuando las tropas mercenarias que atacaron le mataron la felicidad con  tan solo trece años.

En no pocos escenarios su figura tierna de  pequeña convertida en una abuela adorable, con dos hijos y cuatro nietos aparece entre la muiltitud y se le oye decir: “Yo soy Nemesia”, y tal parecía que un nudo en la garganta le cortaba las palabras porque un crimen, del cual fue víctima, ningún infante se recupera tan fácilmente.

Fue en abril de 1961 cuando aviones procedentes de Estados Unidos atacaron el poblado de la Ciénaga de Zapata. Ella, junto a su abuela y hermana, fueron blanco de los disparos piratas; entonces, aquella pequeña vio con ojos inocentes cómo ametrallaron a sus más queridos seres.

Ahora nos cuenta  aquella estremecedora historia y como era de esperar estruja corazones y arranca lágrimas, no solo de quienes  la rodean sino de todo un pueblo que la respeta y erige.

En no pocas entrevistas le  escuchamos decir: “No tengo deseos de venganza, pero jamás podré perdonarle al imperialismo lo que me hizo. Nunca olvido lo que fue la Ciénaga de Zapata, cuanto hay ahora es gracias a Fidel y la Revolución, con ella volví a tener mis zapaticos , por eso estaré siempre dispuesta a defender y compartir la libertad de esta tierra”.

Las palabras de Nemesia Rodríguez   perduran en el tiempo   porque ella viene de allá de la  de la ciénaga, del redimido pantano. Como flor carbonera convertida en símbolo de la nación cubana y de los defendemos el suelo patrio para que al igual que ella todas las niñas hoy mañana y siempre tengan zapaticos blancos.

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