Del cigarro, los jóvenes y el sexo

Hace algunos días estaba sentada junto a una amiga, cuando un muchacho muy atractivo  nos lanzó una gruesa bocanada de aire en la cara. Nuestra reacción inmediata fue toser y abanicarnos con las manos, mientras que la de él fue sonreírnos como si hubiera hecho un movimiento seductor.

Con pena mi amiga crítico: “Que lastima, y lo peor es que piensan que así se ven más lindos”. Ante su planteamiento solo pude asentir, porque es cierto que para muchos a lo largo de la historia, el cigarrillo ha funcionado como una herramienta de seducción, que atrapa y es concebida como un símbolo de sex-appeal.

Si supieran cuan equivocados están. En la realidad este “humo de la atracción” puede convertirse en una peligrosa estrategia cuando dos personas buscan una intimidad placentera y saludable.

Según estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud, en las mujeres el tabaquismo reduce la excitabilidad y retarda el orgasmo, además de disminuir la lubricación vaginal; mientras que a los varones les afecta la capacidad de erección y la calidad de los espermatozoides. Es decir, tras cada bocanada de humo, tanto hombres como mujeres, matan el placer y el éxtasis en su intimidad, y abren un camino directo a las disfunciones sexuales y a los problemas en la salud reproductiva.

Además, la nicotina, al ser un tóxico, aumenta el riesgo de padecer cáncer de pulmón y otras enfermedades degenerativas. Además de acelerar el proceso de envejecimiento, manchar los dientes y dedos, y provocar mal aliento.

Fumar no hace más atractiva a la persona, ni más interesante. Solo lo convierte en una cifra de las tantas que hoy viven esclavizadas a un vicio, que se paga caro, con dinero y con salud.

No importa si lo empiezas a consumir a los 15 años o a los 30. En todos los casos, más que un hábito, el tabaquismo se convierte en una adicción muy peligrosa. Cuando la persona menos lo espera pierde el control sobre el consumo, y la ingesta de la sustancia se vuelve compulsiva.

Sin embargo, aunque dejar de fumar supone afrontar la decisión de superar la dependencia a la nicotina, lo que conlleva implicaciones físicas, psicológicas y sociales… el reto bien vale el sacrificio y la dificultad. Solo hay que dar el primer paso

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