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Japón reinició hoy la caza comercial de ballenas en sus aguas territoriales, después de tres décadas de suspendida esa práctica y pese a las críticas internacionales, confirmaron las autoridades locales.
La Agencia Pesquera nipona anunció que desde hoy y hasta el fin de año sus embarcaciones capturarán 227 cetáceos con fines comerciales, en lo que representa el regreso a esa práctica detenida en el país desde 1982.
En diciembre pasado, el Gobierno japonés abandonó oficialmente la Comisión Ballenera Internacional para emprender nuevamente la pesca de esas especias y zanjar la moratoria que aplicó durante tres décadas.
Con esa decisión, los barcos del país asiático no podrán cazar ballenas en la Antártida como lo venían haciendo hasta la fecha con fines científicos y tendrán que concentrarse en torno a las aguas de Japón y su zona económica exclusiva.
Según la entidad pesquera de la nación asiática, los ejemplares que capturará su flota serán 52 de la especie Minke, 150 de rorcual Bryde y 25 de rorcual común, ‘garantizando la sustentabilidad de esos cetáceos’.
Organizaciones ecologistas y de protección de animales criticaron esta medida del archipiélago e incluso afirman que la actividad ballenera que Japón desarrolló en los últimos años con ‘supuestos fines científicos’, se trataba de pesca comercial encubierta.
De acuerdo con los grupos ambientalistas y detractores de la práctica nipona, existen métodos no letales para llevar a cabo experimentos.
Tokio firmó la moratoria total de caza de esos animales con fines comerciales establecida en 1986 para tratar de conservar la especie, pero por años se sirvió de un fallo del texto que autoriza programas de capturas para estudios.
Aunque la carne de ballena supuso una fuente de proteínas fundamental en los primeros años de la posguerra, la mayoría de los japoneses aseguran que ya casi no la consumen o solo en contadas ocasiones.
Noruega e Islandia son los dos únicos países que siguen con la captura de ballenas sin atender a los acuerdos internacionales de protección de estos animales, con el argumento de derechos históricos y culturales.
