Fefa y Fadraga: educar desde el amor

Hoy quiero remembrar a un matrimonio, no uno de esos cualquiera, sino de esos que los años ha unido para siempre, pero su amor ha traspasado el caudal de la vida y ha hecho que se unan también en su pasión por el magisterio.

Sí, estoy segura de que muchos sabrán a quienes me refiero, estoy hablando de Josefa Atriles y Gilberto , sencillamente mencionar sus nombre ya es símbolo de respeto y de grandeza en el pueblo cumanayagüense.

Ella, martiana por excelencia y el abnegado fehaciente a las letras han hecho que generaciones y generaciones de entrerrianos los recuerden con el mas infinito cariño.

Una Maestra formada en los principios rectos de la fe, la ética y la moral hostosiana, aunque no puedo asegurar que pasara como alumna de alguna discípula de Hostos; pero su práctica y entrega docente la hacía una mujer de esa estirpe.

Su magisterio se extendió por 45 años, siempre en Dajabón, por lo que ella alfabetizó miles de jóvenes y adultos, con la rectitud y el amor que caracterizaba a los de entonces, pero sabía alfabetizar como nadie, conocía su trabajo, tenía la paciencia necesaria, la tolerancia exacta para conseguir sus objetivos.

Doña Gladys es un ejemplo para Dajabón y para el magisterio nacional, pero es un ejemplo para la nación dominicana como mujer íntegra, ejemplar, ciudadana digna y Maestra todo el tiempo, pues aún jubilada ella respiraba enseñanza hasta hace poco, pues a sus 87 años ha ido perdiendo facultades.

De los profesores activos en Dajabón es probable que muy pocos recuerden a esta extraordinaria maestra, pero sí hay en la comunidad muchas personas que pasaron por el aula donde ella otorgaba el pan esencial de la enseñanza, la alfabetización.

Hasta hace apenas cuatro años recorría el tramo de la calle Duarte que va desde la Juan Isidro Pérez hasta Las Mercedes, en la zona colonial, recogiendo todos los papeles y plásticos de la calle; era como una terapia, le servía de ejercicio físico, pero al mismo tiempo daba una lección de urbanismo, de civismo, dirigía con su acción un mensaje a los transeúntes de que no debían echar la basura en la calle. Algunos pensaban la vieja está loca, pero quienes la conocemos entendíamos el mensaje y el ejemplo. Fue Maestra siempre, es Maestra para toda la vida. La enseñanza ha sido su norte. Educar es el mejor modo de contribuir con la libertad de un pueblo.

Cuando la veo, muy regularmente, me inclino ante ella con reverencia porque soy consciente que estoy en presencia de una gran dominicana, de un ejemplo de vida, de una maestra que lo entregó todo por un país mejor, por la de nuestro pueblo y en la medida en que un pueblo es culto avanza en la libertad, partiendo siempre del concepto martiano: Ser Cultos para Ser Libres.

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