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El Antojo, chorrito de agua inalterable, frío y cristalino que corre desde las alturas, resulta una de las curiosidades naturales que guarda en sus entrañas el macizo de Guamuhaya, pleno de sorpresas y hermoso paisajismo, enriquecidas por la bondad y laboriosidad de quienes le habitan.
Por una elevación, a un costado de la carretera desde la localidad de Manicaragua, cabecera del municipio homónimo, hasta el poblado de Jibacoa, fluye desde lo más alto un delgado hilo de agua que sirve para aliviar la sed de los transeúntes y el cansado arriero.
Tal chorrito llama mucho la atención de los viajeros, aquellos ávidos por conocer los misterios que guarda celosamente, el lomerío central de Cuba.

Cuentan que hace mucho tiempo, cuando el acceso a las elevaciones de Guamuhaya era en extremo difícil y no existían por la zona médicos ni hospitales, una mujer trajo al mundo a su hijo cerca del refrescante líquido.
Para la sabiduría popular, el intempestivo alumbramiento se correspondía con un antojo de la madre, de ahí que así bautizaron al fino hilo del manantial que desciende desde las alturas y del cual no se tienen registros de las primeras observaciones.
Existe una explicación científica del fenómeno, según expertos geólogos es resultado de un sistema cárcico de rocas carbonatadas y del relieve abrupto de las montañas, por donde se filtra el agua fluvial, desde lo más alto y desciende por gravedad.
En la búsqueda de los niveles inferiores hasta el manto freático, el líquido se encuentra con cavernas que hacen la función de almacenes naturales, donde por años se acumula el fluido hasta encontrar salida al exterior.
Mientras ocurre el proceso de filtración, el agua pierde los agentes patógenos, se enriquece de los componentes químicos existentes en las rocas, por donde transita y disminuye la temperatura.
El Antojo mana con mayor fortaleza en época de lluvia y se debilita en la de pocas precipitaciones, hasta puede desaparecer, temporalmente, en momentos de fuerte sequía, para renacer con los primeros aguaceros.
En su permanencia, el chorrito resulta atractivo para quienes cruzan por la vía, mientras otras reservas como estas, que abundan en el lomerío, brotarán de las honduras de las serranías en cualquier ocasión, para contentar al sediento y contribuir a la magia de los verdes paisajes, exuberante vegetación y rica biodiversidad de Guamuhaya.

