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Recordar una fecha en que un padre, el de todos los cubanos Carlos Manuel de Céspedes, puso por encima de su bien personal el de todo el país, es como vivir el presente de un hecho que trascendió en la sangre de quienes enarbolamos aún el machete redentor de la manigua para continuar defendiendo lo que iniciara un diez de octubre un abogado patriota.
Hoy el repique de campanas son tres palabras ¡Pensar como país!, y se oye allá en el ingenio La Demajagua, como en toda Cuba, porque llama al igual que en aquel momento a tomar las armas de las ideas que nos hacen cada día más libres e independientes como las que enarboló en su tiempo un patriota cubano de nombre Carlos Manuel y apellido Céspedes.
En aquel entonces la historia marcó con palabra empeñada el conocido por todos Manifiesto del diez de octubre en el Batey de La Demajagua frente a quinientas personas. Hoy este manifiesto renace como ave fénix para llamar a la lucha a toda una nación, una contienda con inteligencia , con la verdad levantada como bandera en los escenarios más funestos donde la luz del sol hay que llevarla en palabras.
Céspedes expresó en su contexto historico: “¡Ciudadanos, hasta este momento habéis sido esclavos míos. Desde ahora, sois tan libres como yo. Cuba necesita de todos sus hijos para conquistar la independencia!”
Fidel Castro dijo: solo hay una Revolución Cubana desde Céspedes hasta nuestros días, incluida la que triunfo en enero de 1959.
Y hoy décimos en fecha tan marcada a los padres e hijos de esta tierra, seguirá siendo una sola revolución, la Céspedes, Martí, la de Fidel, la de Raúl la de Díaz Canel y la de todo un pueblo que porta como la mayor arma la sangre de valerosos hombres. Por eso “Los que nos quieran seguir que nos sigan.
