#LulaLibre, pero la lucha continua

Más de 19 meses, más de 500 días en la cárcel, la imposibilidad para ser presidente de su país aun a sabiendas de que millones lo querían.

Ha visto a su país destrozarse, desmoronarse la obra social por la que trabajo durante años y ha perdido seres queridos, muy queridos y hasta un poco de salud. ¿Quién sabe cuánto más? Lo único que no le pudieron arrebatar a fue la sonrisa, la resistencia, la fuerza, la fe en la victoria.

Quizás por eso dijo tantas veces que lucharía cada segundo, cada día, sin importar por cuanto tiempo y con la cabeza en alto defendería su inocencia. Y no precisamente porque se trataba de él, sino porque era una forma de luchar los crímenes que se acometen en su país:

contra la desidia y la ambición de unos pocos que se creen merecedores de decidir sobre la vida de otros, y que ponen más allá de lo que se necesita y es urgente para muchos, sus ambiciones personales.

Ha sido, sin dudas, el prisionero que más visitas de personalidades, figuras políticas, intelectuales, líderes sociales y religiosos ha recibido en su celda, el que todos querían entrevistar, la luz que tras los barrotes y los muros, emergía en mensajes, ideas, en la voz de millones que habían hecho suya la campaña mundial por su liberación hasta en los lugares más insospechados.

Para los cubanos, como para los que habitamos esta región nuestramericana, Lula ha representado además, la lucha de la verdad contra la ignominia y la sinrazón. Por eso hicimos nuestra la causa de su liberación y cada vez que un cubano o cubana hablaba en una tribuna internacional, escribía mensajes a los pueblos que luchan o hacía referencia a las causas que nos unen y por las que se debía dar todo, ahí estaba en primerísimo lugar, la liberación de Lula.

Este viernes lo vimos erguirse en los brazos del pueblo que por meses y meses lo espero en la afueras de la cárcel federal de Curitibia, y al escuchar sus primeras palabras, de agradecimiento infinito a los que lo acompañaron en vigilia permanente y a sus hermanos y hermanas del PT, al pueblo de y al mundo, no pudimos evitar la emoción, pero también volvimos a soñar con el país mejor por el que dijo que lucharía hasta el final.

La lucha apenas comienza. Habrá que seguir, hasta el último instante, luchando por su inocencia y porque Brasil recupere el camino que comenzó a transitar, y que le fuera arrebatado. La liberación de Lula ha sido una victoria de los más humildes, de los que resisten, de los que no se cansan y cargan sobre sus hombros, sin temores, la gran responsabilidad de la historia que construyen todos los días.

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