Yasiel González, el bate que convoca en Caracas

Yasiel González amaneció hoy cuarto entre los bateadores y líder en impulsadas de la Serie de las Américas Gran Caracas 2026, como si el torneo le estuviera devolviendo todo lo que esperó durante años.
Hay peloteros que golpean la pelota y hay otros que la convocan. Yasiel pertenece a estos últimos: cuando se para en la caja de bateo, el aire parece tensarse y da la impresión de que la madera del bate y la esférica se reconocieran desde antes.

Ayer, ante el Club Daom de Argentina, volvió a encender la noche con su segundo jonrón del torneo, un batazo sin misericordia que aportó al 10-0 por fuera de combate y dejó al estadio murmurando sobre el poder de sus muñecas.
No es casualidad. El natural de la nororiental provincia de Holguín carga con una historia de constancia: siete campañas nacionales y una última en la que fue emperador de los números, al concluir líder en promedio ofensivo (.409), cuadrangulares (16), slugging (.747) y OPS (1.240), además de 51 impulsadas.
Con su actuación, guió a sus Cachorros hasta los cuartos de final tras años de ausencia y ayudó a devolverle a su pueblo la memoria de los fuertes ladridos.
En esta Serie de las Américas, Yasiel batea para .417 (cuarto) y comanda las carreras remolcadas con siete. Pero las cifras, aunque brillen, no explican del todo el fenómeno. Lo suyo es una mezcla explosiva: manos suaves para fildear, brazo poderoso para castigar desde los jardines y una lectura del juego que parece escrita con tinta de veterano. Un jugador completo, de esos que no piden permiso para ser imprescindibles.
El propio Yasiel explicó su último jonrón con la naturalidad de quien sabe que la fuerza no basta si no se doma. “Me preocupé por dejar que llegara la bola porque con los pitcheos lentos hay que hacer eso”, dijo tras el partido, como si el secreto fuera apenas un gesto técnico y no un pacto íntimo con el tiempo.
Luego dejó clara la brújula del equipo: “Hablamos que hoy teníamos que vencer sí o sí y ahí está el resultado. Ahora vamos a salir a ganar y divertirnos para obtener las victorias que faltan para meternos en la semifinal”.
En la cabina, hace unos días, los periodistas se miraron incrédulos cuando, descolgado, conectó su primer vuelacercas y la pelota voló a más de 350 pies. Yasiel sonrió al escuchar el asombro: “En Cuba lo he hecho varias veces… como sé que tengo fuerza, cuando le doy adelante la bola viaja mucho”. Lo dijo sin alarde, reconociendo un don que trabaja hasta volverlo herramienta.
Para muchos, su nombre debería estar subrayado en la lista del equipo nacional rumbo al venidero Clásico Mundial. La discusión corre por las gradas y por los pasillos del béisbol. Él, sin embargo, no se deja distraer por los espejos: “Eso no me preocupa ni me quita energía… yo salgo a jugar para la afición, para mi familia”, le confesó a Raúl Rodríguez, enviado especial de la radio cubana.
En tiempos de ruido, Yasiel elige la línea recta: entrenar, jugar, responder en el terreno. Y responde con el cuerpo entero: con el swing que parece arrancar desde los tobillos y terminar en una nube de polvo; con el guante que atrapa como si pidiera perdón a la gravedad; con el brazo que dispara desde los jardines como un relámpago de costa a costa. Responde con la serenidad de quien entiende que el béisbol también es espera, paciencia, respiración.
Cuando le pidieron un mensaje para los aficionados de su tierra natal, no dudó: “Un agradecimiento a todos, a mi familia, a toda la afición holguinera, a la gente de Gibara… que me sigan apoyando, que voy a salir al terreno a darlo todo siempre”. No habló de premios, aunque sea firme candidato al MVP; habló de pertenencia, de raíces, de un compromiso que no se negocia.
En Caracas, bajo la bóveda gigantesca del Monumental Simón Bolívar —escenario de todos los juegos de Cuba—, Yasiel conecta jonrones y encaja con una idea antigua y luminosa del deporte, esa donde el talento es un deber con los otros.
Por eso cada batazo suyo suena a campana y cada carrera impulsada parece una promesa cumplida. Si el béisbol es un idioma, Yasiel lo habla con acento de futuro y hoy, más que nunca, Cuba escucha su voz.
Ahí está la clave de Yasiel González en este torneo: no juega para construir un personaje, sino para honrar un recorrido. Cada jonrón suyo parece decir lo mismo: que llegó hasta aquí sin atajos, que todavía se está haciendo y que el béisbol, para él, sigue siendo una forma sencilla y honesta de estar a la altura de los demás.
