¿Mal uso del idioma o mala educación?

Siempre ha constituido una preocupación la forma en que se expresan los más jóvenes, pues, con esa rebeldía natural que los caracteriza, imponen siempre un modo sui generis de comunicarse, un tanto irreverente y desprejuiciado. En situaciones informales de comunicación, fiestas, paseos, reuniones, recesos, en fin todo espacio proclive para la verborrea mal intencionada, mal hablada o el nombre que se le quiera dar.
Pero lo más triste del caso no solo es que nuestra lengua materna se vea atropellada por las nuevas generaciones, que en la mayoría de los casos, para no absolutizar, hablan de una manera inconveniente, pues ya se le suman los entrados en años o los no tan jóvenes que se escudan en el mal llamado ´´hablando en buen cubano´´ para decir esas palabrotas tan desagradable que quieren convertir en un nuevo dialecto, ´´el cubano´´.
¿Desparpajo léxico?, así pudiéramos llamar la comunicación de hoy en día, aclaro, no para todos, pero tampoco son pocos los que lo practican, desafortunadamente los ojos sociales cuestionan “al duro y sin guante” la jerga juvenil, grupo etario que más empobrecido tiene el idioma español.
En la calle, la escuela o el banco de enamorados, se escuchan a menudo frases que hacen aportes al idioma español, confieren significados diversos a los del diccionario o fusionan las lenguas, tal vez en un intento fallido de comunicarse en esperanto.
Por citar algunos ejemplos estar “a la my love” como estilo de vida desahogado, “muerto en la carretera” con una muchacha o muchacho que les atrae, “un mango” para denotar figura atractiva devienen expresiones significativas ya extendidas. O también las muy conocidas “Jevito” para denominar al novio, “pura” o “puro” a la madre y al padre, “está sin yoqui” para referirse a los atrevidos, “guindar el piojo” al hablar de la muerte o “ponerse fula” en caso de desaprobación constituyen palabras y frases usadas en contextos juveniles.
Al oído suenan, como pedradas, al pronunciarlas afean hasta al más lindo de los individuos, sin dudas, es tan cuestionable si el mal uso del idioma es un sinónimo de mala educación.
Lo cierto es que nos expresamos tal cual somos. El lenguaje da forma al contenido interno, constituye un espejo del pensamiento y la conducta social. No solo faenas meramente académicas implicarán a cambios más atractivos del idioma. El arraigo de valores morales como la solidaridad, la educación formal y la avidez de cultura nos convertirán en mejores hispanohablantes.

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