El pueblo cubano conoce y vive de cerca y en carne propia el feroz bloqueo económico, comercial y financiero impuesto contra Cuba, masacre genocida que representa un freno para el desarrollo de todas las potencialidades de la economía cubana, para la implementación del Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social del país, y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Esta política hostil del denominado imperio más poderoso del mundo ha causado pérdidas a Cuba en el orden de los 4 mil 343, 6 millones de dólares. Ahora en el nuevo escenario convulso y agresivo con la aplicación de las medidas adoptadas recientemente por los Estados Unidos para recrudecer el bloqueo contra la isla los daños acumulados durante casi seis décadas alcanzan la cifra de 138 mil 843, 4 millones de dólares.
El fortalecimiento de la aplicación extraterritorial de sanciones afecta a las empresas, bancos y embajadas cubanas, las cuales enfrentan obstáculos en sus actividades comerciales y financieras en muchos países del mundo.
El Departamento de Estado de los EE.UU., amplió la “Lista de Entidades Cubanas Restringidas” que son objeto de sanciones adicionales a las impuestas por las regulaciones del bloqueo.
Esta absurda e incoherente medida ha ocasionado daños considerables a la economía del país, por su efecto intimidatorio sobre la comunidad empresarial internacional.
Ahora bajo el amparo del Título tercero de la Ley Helms-Burton, se puedan tomar acciones judiciales en tribunales de los EE.UU. ante demandas presentadas por ciudadanos o entidades estadounidenses contra empresas o individuos cubanos o de terceros países que se relacionen o comercialicen con propiedades nacionalizadas en Cuba en la década de 1960.
Sin lugar a dudas esta ley garrote, la Helms-Burton constituye un instrumento jurídico de coerción política que dispone acciones de presión económica lesivas a la soberanía de Cuba y de terceros países, con el propósito de asfixiar a la economía cubana e incrementar las carencias de la población.
Busca además perpetuar el clima de hostilidad entre nuestro país y los Estados Unidos y negarle a la nación cubana el derecho a la autodeterminación.
El país no puede establecer libremente convenios comerciales no puede acceder a divisas (monedas extrajeras), ni créditos bancarios con instituciones internacionales, existe dificultad para costear fletes del traslado y costos de útiles escolares, material docente y otros gastos de dotación escolar; el déficit de alimentos en los últimos años, pese a los esfuerzos en materia de subsidio y distribución alimentaria que maneja el Gobierno cubano para solventar el bloqueo, es una realidad que visualizamos todos.
Los cubanos calificamos estas sanciones como acto de genocidio y como guerra económica con el único propósito de doblegar a toda una nación que empuñó el machete en la manigua y aún sigue en pie de guerra para salvaguardar lo que hombres y mujeres defendieron hasta con su propia vida: La libertad.