¿Quién tiene la culpa?

info ramelkaLa noticia de que va a nacer un niño no siempre es motivo de alegría. ¿Por qué algo tan sublime no es motivo de felicidad? Cuando quien comunica semejante suceso es un adolescente, la familia se latera y comienza la discusión acerca de quién tiene la culpa. Luego recurren al aborto, que en los últimos años en nuestro país compite con los anticonceptivos más cotizados.
Lo primero que piensan los asustados padres es eliminar el problema, porque así nombran a la criatura que se está formando. La vida en cualquier estado, aun en etapa de gestación, debe ser respetada y matar no es la mejor solución.
¿Cómo arreglar semejante situación? Porque como dice la abuela: “Ahí mismo se le trunca la vida a la muchachita”; el padre no quiere saber de ella y la madre se debate entre las razones paternas y el sentimiento protector hacia quien estuvo en su vientre durante nueve meses.
Pero adonde fueron el diálogo, la comprensión, el conocimiento de qué hacía la niña cuando salía de noche, la posibilidad de conversar y la confianza para confesar que tiene novio y tal vez hasta de su edad.
El aborto marca la vida de una adolescente, quizás tanto como la maternidad, o puede dejarle grandes secuelas, como la imposibilidad de volver a concebir.
No llegar al límite, es siempre mejor para todos, y cuando la niña crece sabiendo que puede hablar, conversar, conocer que será escuchada sin temor a ser reprimida, ayuda a que cuando descubra el primer amor, ese que parece que será de telenovela, no aparezcan el drama y el miedo.
Su hija no es un robot que programa, y usted decide cuando y como inicia su vida sexual, repárela y dele la confianza necesaria para caminar por la vida segura de sí, de la familia que tiene y de la que un día formará, para que no tenga que lamentar quién tiene la maldita culpa, que casi siempre paga el inocente recién concebido.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *