El 14 de octubre último, Barack Obama hizo pública la Directiva presidencial de política: Normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba; un documento amplio, con un contenido bien interesante en el que se advierten aspectos positivos y otros que tienen un marcado carácter injerencista.
Luego de una lectura detallada al citado documentos, concuerdo con el criterio de josefina Vidal, Directora general de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores (MINREX) cuando expresa que “este documento es paso significativo en el proceso hacia el levantamiento del bloqueo y hacia la mejoría de las relaciones con Cuba”. Por primera vez en un documento oficial del gobierno de los Estados Unidos aparece el reconocimiento a la independencia, la soberanía y la autodeterminación de Cuba; sin embrago, ello no puede hacernos sentir confiados.
La Directiva presidencia de Obama, del 14 de octubre de 2016, muestra su lado injerencista y ello queda plasmado cuando en su Introducción precisa que: “Vamos a continuar, manifestándonos a favor de los derechos humanos, derechos a la libertad de expresión, religión, asociación y reunión pacífica como lo hacemos en todo el mundo.
Nuestra política está diseñada para apoyar la capacidad de los cubanos de ejercer sus derechos humanos universales y libertades fundamentales, con la expectativa de que un mayor comercio ofrecerá, a un segmento más amplio de la población cubana, la información y los recursos necesarios para lograr un futuro próspero y sostenible”
¿Acaso hay muestra mejor de injerencia? ¿Cómo pretenden dar lecciones de derechos humanos, cómo pretender “velar” por ese asunto en nuestro país donde disfrutamos de derechos que aún resultan anhelos en los propios Estados Unidos?
De la muestra, un botón. ¿Quién con un mínimo de sensibilidad no se ha estremecido con las imágenes de los jóvenes negros ultimados por policías estadounidenses?
En otro momento, la Directiva, la segunda que dicta un presidente de los Estados Unidos en relación con Cuba, dice claramente que “El Gobierno de Estados Unidos no tiene intención de modificar el tratado de arrendamiento vigente y otras disposiciones relacionadas con la Base Naval de Guantánamo, que permite a Estados Unidos mejorar y preservar la seguridad regional.”
Nada más injerencista, ¿verdad? El territorio que hoy abarca la base naval de Guantánamo es de Cuba y a nosotros debe pertenecer. Es una ocupación ilegal, lesiva de la soberanía nacional. A ello se una el hecho de que funciona allí una prisión con un historial marcado por la ilegalidad, la tortura y la muerte.
En apenas unos meses, exactamente el 20 de enero de 2017, Estados unidos tendrá un nuevo presidente que se elegirá el venidero 8 de noviembre. Quien quiera que sea el mandatario podrá o no continuar con el contenido de la Directiva de Obama.
Importante resulta, entonces, detenernos en dicho documento y reconocer todos sus planteamientos favorables; pero no podemos desconocer, en modo alguno, aquellos asuntos que la limitan por su carácter injerencista. De eso se trata.
Relaciones Estados Unidos – Cuba: Esperanzados, pero no confiados
Últimas entradas de Radio Ciudad del Mar (ver todo)