
Desde el mismo momento en que nacen nuestros hijos y nietos, entran en contacto con el mundo circundante, respiran, sienten, padecen y disfrutan, pero… ¿les enseñamos la mejor manera de apreciar y proteger lo que les rodea?
La mayoría aplaude cuando el pequeño le regala una flor a mamá o a la abuela, sin tener en cuenta el daño causado a la planta. Si les agradan los animales, los llevamos al zoológico o les obsequiamos un pajarito en una jaula, un hámster o un cachorro, sin valorar que están en cautiverio y que en ocasiones, padecen enfermedades o mala atención.
Desde pequeñitos, les enseñamos a cepillarse bien los dientes, pero ¿estamos atentos a que cierren la llave del agua y no la derrochen?
Coincidirán conmigo en que nos falta muchísimo por inculcarles a los pequeños, acerca de las buenas prácticas y el medio ambiente.
Cierto que existen Círculos de Interés y Proyectos Culturales como el que desarrollan en el parque natural El chayote de La Sierrita o Conectando Paisajes, en Mayarí, donde los niños y adolescentes son protagonistas del buen uso de la tierra, el agua, el fuego y participan en el cultivo de condimentos y plantas de diversos tipos, a la par que pintan, crean cuentos, décimas y canciones.
Son experiencias aplaudibles, pero muy escasas…
En nuestros Círculos Infantiles les enseñan a cuidar los huertos y riegan las plantas, también les explican de las propiedades de los vegetales y hortalizas, y en la casa continuamos con esa educación?
Ilustrar a las nuevas generaciones a favor del cuidado y la protección del medio ambiente, no es un pasatiempo para las familias actuales, es un imperativo, pues son ellos quienes enfrentarán las gravísimas consecuencias de siglos de mal manejo y deterioro del entorno, escenario vital para la subsistencia humana. Pensemos en eso!