Opinión

¿Quién atacó a Venezuela?

La pregunta podría parecer retórica; la información puntual sobre la agresión de tropas filibusteras estadounidenses, ha generado cualquier cantidad de especulaciones, e intensas campañas de manipulación mediática,que forman parte de la agresión en sí misma, en el nebuloso espacio digital. 

Aun así falta muchísima información veraz toda vez que, en la práctica, la inmensa mayoría de las versiones sobre los eventos concretos provienen de fuentes estadounidenses, empezando por Trump y el mentiroso enfermizo Mr. Rubio, así como de oficiales del ejército involucrados; en otras palabras, son poco o nada creíble esos enfoques.

Por cierto, alguien podría creer en la palabra de los altos oficiales del ejército invasor. Sin embargo, es saludable recordar al “respetado” general de 4 estrellas Colín Powell, cuando enseñando una bolsa de bicarbonato (o algo parecido), intentó convencer al Consejo de Seguridad de NNUU que Irak tenía armas de destrucción masiva.

La prudencia más elemental sugiere que hay que esperar, para saber que pasó realmente esa madrugada del nefasto 3 de enero del 2026, que quedará en la historia como la primera vez que EEUU bombardea una capital suramericana.

No obstante y sin negar la necesidad de que los pueblos nuestro americanos conozcan tal y como fueron las cosas, hay una aspecto medular del asunto, referido a quien o quienes están detrás de este monumental atropello a la soberanía nacional de un país.

Y bueno, a primera vista es evidente el involucramiento de poderosos intereses económicos, obviamente vinculados a la industria petrolera estadounidense, y claro, nunca falta en cualquier variante, la presión y la imposición que ejerce el complejo militar industrial, sobre cualquier inquilino de la Casa Blanca.

De modo que si se quiere saber realmente quien dio la orden de atacar Venezuela, no basta con que se explore en los pasillos del Pentágono, o del Dpto. de Estado. Mejor búsquese en el centro de dirección de la Exxon Mobil, de Conoco Philliss o de Chevron.

Se insiste, no se olvide preguntarle a los líderes/dueños de la Lockheed Martin, de la Raythein Technologies, de Northtrop Grumman y General Dinamics entre otras, que integran el mencionado conglomerado militar industrial.

Incluso si interesa el asunto, averígüese cuanto se han embolsado estos contratistas del Pentágono en particular, solo con el despliegue aeronaval en el Caribe; la cifra no baja de miles de millones de usd en servicios logísticos, provisión de armamentos y mantenimiento, etc.

Los entes petroleros claro está, procuran recuperar los privilegios que antaño tuvieron, porque aunque no fue la Revolución bolivariana quien nacionalizó la industria petroquímica, con Chávez, mediante la Ley Orgánica de Hidrocarburos del 2001, se modificó la ecuación de la regalías, estableciéndose que la mayoría quedarían en el país. Y entonces la Exxon y demás se molestaron, se fueron y un año después impulsaron un fallido golpe de estado; su hostilidad llega a nuestros días.

Así que puesto en perspectiva, Trump, y sus aguerridos subordinados en los que se incluyen Mr.Rubio y al secretario de la Guerra, Pete Hegseth, fueron los ejecutores de una orden sumarísima indicada por los que mandan en ese país, dígase el famoso 1% que se queda con alrededor del 35% de la riqueza que se genera en EEUU.

Si lo anteriormente explicado no es suficiente, digamos para entender las “preocupaciones de los infelices” del 1%, concurre otro asunto, quizás mucho más estratégico para el imperio.

Caemos aquí en la perdida de la hegemonía estadounidense, especialmente la de índole económica. Y ante esta fatalidad de la que no pueden escapar, es justamente responsabilidad de los gobernantes de turno buscar los paliativos, al menos hacer el intento para encarar el ocaso.

Pero el mundo multilateral, con un BRICS que controla el 40% del PBI mundial, se interpone en esa resistencia imperial. Y desde algunas de las potencias emergentes, se comienza a desafiar lo que tal vez sea la principal fortaleza económica que le va quedando a EEUU, el predominio de la moneda dólar.

Se dice que fue Kissinger, quien en los años 70 logró convencer a los más relevantes productores de combustible, fuera de la URSS, de que adoptaran los llamados petrodólares, que como afirman los expertos, son más importantes que los portaviones, para dominar el mundo según la cosmogonía imperial.

El resto de la película más o menos se conoce. EEUU a estas alturas es el país con la mayor deuda externa del mundo, reconvertido en enorme espacio importador, en franco proceso de desindustrialización y con gastos militares siderales, que tributan a esta deuda pero necesarios para mantener la ficción de gran potencia; se crea así un círculo vicioso, que degrada tendencialmente la importancia del usd.

De modo que Trump, el trumpismo y toda la parafernalia que le rodea, no es más que un extraordinario esfuerzo de los mandamás imperiales, por tratar de parar el “desorden multilateral”, que amenaza con arrasar con lo que queda de la otrora y pesimamente administrada hegemonía, de la que han disfrutado.

Entonces aparece en el visor Venezuela. Pletórica de petróleo y otros recursos naturales, dirigida por un gobierno de amplísimo arraigo popular, claramente adversario ideológico en todo el sentido del término, incluido el simbolismo nuestro americano de ser la patria de Bolívar.

Y ante la agresividad estadounidense, Venezuela se une fervorosamente a la idea de la multilateralidad, procurando neutralizar el intenso bloqueo económico, lo que incluye, como si fuera poco, el abandono del patrón petrodólares desde al menos el 2018.

Pésimo ejemplo para el resto del continente, también para los demás productores OPEC y asociados. Ya en su momento, cuando el mundo era otro, Gaddafy y Saddan Hussein se plantearon abandonar los petrodólares. Ya se sabe cómo terminó esta historia.

Por todo lo anterior, se explica que casi desde febrero del 2025, más menos a cargo de Mr.Rubio, se comienza a fraguar un plan que se manifestó casi un año después, el pasado 3 de enero en horas de la madrugada.

Fue un golpe muy duro, y la condena a esta afrenta universal tiene que ser permanentemente, sin medias tintas, como expresó el presidente Díaz Canel a poquísimas horas del zarpazo criminal, ante una enorme movilización popular de repudio.

Bien se dice metafóricamente que los últimos legajos de las leyes internacionales, virtualmente canceladas desde el genocidio en Gaza, fueron finalmente descartados. Siempre, desde hace años, EEUU ha actuado así y ahora Trump, con su descaro socarrón y prepotente, se lo recuerda sin inmutarse, a esa parte del mundo crédulo, que aún se come el cuento estadounidenses, de que son los abanderados de la lucha por la libertad y la democracia.

Con Venezuela se cruzó otra línea roja como suele decirse ahora. Pero el país suramericano no se rinde, ni se rendirá. Hay que tener esa firme convicción, salvo que no se crea para nada en el legado de Bolívar y Chávez.

Las afirmaciones grandilocuentes del emperador pedófilo, asegurando que ellos controlan Venezuela, tras el secuestro de su presidente legítimo, son la hojarasca de una operación evidentemente inconclusa, que no pudo ni supo cómo lograr el ansiado cambio de régimen, objetivo tan evidente que el sincericida de Trump lo confirma.

Por tanto, una primera recomendación, no creer, ¡ni tantito así! las teorías conspirativas sobre lucha de poderes, o traiciones del alto mando político militar venezolano y otras narrativas, que como se ha dicho, forman parte del ataque multidimensional que sufre en este minuto Venezuela.

Los mártires cubanos, los 32 que murieron en esta invasión en el cumplimiento cabal de su deber, cayeron tal vez sin saberlo, convertidos en los hombres nuevos de los que hablaba el Che.

Estos mártires de la revolución nuestramericana, inconclusa pero inevitable, es probable que en la hora cero, evocaran a Baragua, o el combate desigual en las calles aledañas al otrora cuartel Moncada, un 26 de julio del 53; quizás recordaron Alegría de Pio, o 5 Palmas, o la caída en combate del Curita en la batalla de Santa Clara, o los que murieron en Angola sin pedir nada a cambio, y también en otros lugares aquí en América, como en Bolivia.

Mr.Rubio y los responsables de este crimen tienen dónde mirar si intentan aventurarse contra la Isla de la Dignidad; los 32 se multiplicaran por mil, por cien mil o por tantos miles como se quiera. Patria o Muerte Venceremos.

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