Las marcas que deja la caldera

Yandy Rojas Greenidge es uno de los soldadores que más veces ha entrado a la caldera de la central termoeléctrica Antonio Guiteras. En sus manos y en la piel de sus brazos están las evidencias de la dureza y los peligros de su oficio, destaca el periódico Juventud Rebelde.
Tiene 37 años de edad, pero desde los 19 hasta la fecha ha transitado por muchos oficios en la central termoeléctrica (CTE) Antonio Guiteras. Es por eso que Yandy Rojas Greenidge conoce hoy cada rincón de este importante enclave nacional.
Sus manos y la piel de los brazos son el vivo testimonio de cuánto tiempo le ha dedicado a su trabajo y, sobre todo, de cuán desafiante es. Ellas muestran las marcas de las quemaduras provocadas por las partículas metálicas que emanan de las soldaduras, expresa la publicación
«Esas partículas calientes —al rojo vivo—, a veces entran por los resquicios del overol y queman el pecho o el abdomen», relata quien entró a la Guiteras siendo muy joven, luego de graduarse como soldador en el Instituto Politécnico Ernest Thaelman.
«En noviembre de 2009 ingresé en la central termoeléctrica en un curso de operaciones de los grupos electrógenos de la planta José Martí. Durante este tiempo aprendí mucho, pero siempre tuve el sueño de ejercer como soldador. Luego solicité cambio de plaza y me pasé para la brigada de soldadura, como ayudante.
«Desde entonces cambió mi vida, observaba la rutina de cómo era este “monstruo” que ustedes ven, que es nuestra planta y, poco a poco, me fui enamorando y encantando. Son cosas que no se olvidan», recuerda el joven, quien además se desempeña al frente del buró sindical en la atención a trabajadores con problemas personales o laborales.
Yandy ha pasado por todos los lugares de la caldera, «y para mí todos son importantes. Mientras más incómoda sea la solución del problema más me gusta trabajar en ese lugar. Aquí empecé como ayudante; a los dos años, me hice soldador C, y poco a poco me convertí en soldador A.
«También aprobé los cursos en el Centro Nacional de Certificación Industrial (CNCI) Julio César Castro Palomino, de la provincia de Cienfuegos, escuela que otorga la certificación internacional para los obreros de las empresas de nuestro sector. Cada dos años voy a renovar mi título.
«El año pasado tuvimos un encuentro con nuestro Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y el Ministro de Energía y Minas. En esa ocasión, me preguntó si yo estaba listo para volver a entrar a la caldera a soldar. Le contesté que estaba preparado mentalmente para el día en que mi director o cualquier trabajador me necesite, y entrar a la caldera a hacer mi trabajo, porque es lo que me gusta y de lo que estoy enamorado.
«Durante aquel diálogo, además, les hablé —y pedí— de todo corazón, que fueran al CNCI, porque era una lástima perder ese centro, inaugurado por nuestro Comandante Jefe Fidel Castro Ruz en el año 2000. La última vez que estuve fue el año pasado, durante mi renovación, y vi la instalación en unas condiciones que no era la acostumbrada. Me empeñé en visibilizar el problema.
«Sobre esto, cerrando la conversación, Díaz-Canel me dijo: “La otra respuesta te la daremos”. Y hace alrededor de un mes, aproximadamente, vino el titular del sector y me comentó que lo que yo conversé con el Presidente ya estaba resuelto».
—¿A la caldera no entra cualquier soldador?
—No. Los soldadores tienen que estar certificados con categoría internacional, porque es una labor dura. Para eso somos profesionales. Tenemos que cumplir muchos requisitos antes de entrar a la caldera. Además de estar certificados y preparados mentalmente, debemos pasar por un amplio proceso en el que nos miden la vista, la presión arterial, y realizan una prueba de campo. Solo después nos confirman que estamos listos, refirió el joven.
