Vini Jr., racismo, fútbol y algo más

El gran protagonista del recién concluido derbi de la capital española entre Real Madrid y Atlético de Madrid fue sin dudas el brasileño Vinicius Jr.

En el marcador y en el juego como tal su aporte no fue quizás tan importante, pero también se notó, sobre todo en la jugada que dio lugar al segundo gol de los merengues, a la postre decisivo.

Sin embargo, a lo largo de todo el choque las cámaras lo tomaban constantemente, porque eran persistentes sus roces con los jugadores rivales, y hasta con la afición reunida en el estadio Metropolitano.

Durante toda la semana se calentó este duelo precisamente alrededor del suramericano, porque sus bailes aparentemente molestaban a los contrarios, pero quitarle ese festejo es como cocinar sin sal, y rápidamente salieron en su defensa desde todos los confines del universo, incluidos sus compatriotas Neymar y Pelé.

Pareció aclarado este punto pero, una vez más, la afición rojiblanca dejó que desear. Volvió a aparecer el odio hacia el vecino, que ha provocado desagradables incidentes en el pasado, y hasta daños a la propia entidad colchonera, y Vini fue objeto de insultos racistas antes y durante el partido.

Fosforeras y botellas de agua volaron hacia el terreno luego del primer tanto de los blancos, y el árbitro tuvo que detener el pleito, con el consecuente reclamo a los presentes en el recinto.

La vergüenza fue tal que el alcalde de Madrid, confeso atlético, salió este lunes a pedir disculpas por el bochornoso comportamiento de algunos, a quienes pidió identificar.

Ahora bien, fue preocupante que el futbolista fue devorado por las circunstancias, no tanto en cuanto a su estilo de jugar, pero sí con respecto a su comportamiento sobre la cancha.

Claro que es muy incómodo jugar mientras te arrojan cualquier cantidad de improperios, pero él tiene que sobreponerse a eso (no es el primero ni será el último, lamentablemente), porque en definitiva sería él mismo y su equipo los más afectados.

Más de una simulación le pudo haber costado tarjeta amarilla, y le sobraron gambetas que intentó incluso cuando estaba rodeado de rivales y era imposible salir airoso. Por suerte el árbitro principal entendió que el joven, de solo 22 años, no lo olvidemos, fue desbordado por la situación y estaba fuera de sus cabales, intentando brillar más de la cuenta.

Su propio técnico, Carlo Ancelotti, reconoció que se pasó de revoluciones y pudo aportar más si se hubiese comportado como de costumbre, porque una cosa es bailar tras anotar un gol, y otra intentar engañar a los jueces o ridiculizar a los oponentes.

Se sabe que es una delgada línea, pero mientras más rápido Vini entienda que quien sale peor parado es él mismo, tendremos mejor fútbol a pesar de los energúmenos inevitables.

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