Pese a la gusanera: Avanza agenda de Petro

Arrebatando la batuta gusanera a Marco Rubio en sus ataques a Gustavo Petro, otro personaje legislativo republicano, también lamentablemente de origen cubano, María Elvira Salazar, ha vuelto a tildar al presidente colombiano de marxista seguidor de las ideas de Fidel y Chávez, poniendo como ejemplo la adhesión de la disidencia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo a las conversaciones con el gobierno para allanar el camino que lleve finalmente la paz a la nación suramericana.

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Salazar no menciona que dirigentes de la organización volvieron a empuñar las armas, obligados por la connivencia entre el anterior presidente, Iván Duque, y agentes de la entidad norteamericana para el combate a las drogas, DEA, con el fin de plantarlas en los equipajes de Jesús Santrich e Iván Duque, quien, por cierto, está vivo y sano, pese a noticias contrarias de la prensa occidental.

Ella se ha convertido también en un elemento que da el visto bueno a los cubanos que llegan ilegalmente a las costas de Florida, todo lo cual le crea aparentemente la base para mantenerse en el Congreso, luego de las elecciones de medio término de noviembre próximo.

La susodicha tuvo el respaldo de la siempre influyente jefa gusaneril de Miami, Ileana Ros-Lehtinen, para que emprendiera la carrera hacia el Congreso, restando importancia a que sus enemigos le reprochaban haber llamado comandante a Fidel en una entrevista que le hiciera como reportera de Telemundo, y calificar de noble el gesto de Obama de restablecer las relaciones de Estados Unidos con Cuba.

Aprendida la lección, Salazar se ha convertido en paradigma –una palabrita muy empleada- de lo peor que existe hoy día en el estado floridano. Por ello también ha desbarrado contra el gobierno de Biden por haber admitido la afirmación de Petro de que había fracasado la lucha contra el narcotráfico y la razón de ser del Plan Colombia, mediante el cual fueron establecidas nueve bases estadounidenses en territorio colombiano.

Además, ella y demás elementos similares lanzaron diversos denuestos al presidente de Colombia, cuando le pidió a Biden que sacara a Cuba de las listas de países terroristas, calificándolo de gran injusticia.

Petro ha hecho caso omiso a Salazar y comparsa, ni se preocupa por las mentirosas afirmaciones de individuos que ostentan aún el poder, como el presidente brasileño, Jair Messías Bolsonaro, quien lo ha acusado de querer legalizar la cocaína.

PROGRESO EN EL CONGRESO

La agenda petrista ha avanzado con la Ley de Paz Total, que permite estatus políticos a las entidades consideradas subversivas para que se sumen al diálogo con el gobierno. 

Asimismo, la reforma política pasó sus dos primeros debates. Ordena que los partidos presenten listas cerradas y paritarias durante dos períodos. 

Garantiza la financiación pública de las campañas y una financiación privada dirigida a los partidos y no a los candidatos. También permite que los cargos de elección popular puedan cambiar de partido sin incurrir en doble militancia, una medida que le ayuda al petrismo a convertir al Pacto Histórico en partido. Y abre la posibilidad para que los congresistas pasen al Ejecutivo presentando sólo la renuncia.

La regulación de la marihuana avanzó. Es la primera vez que un proyecto similar pasa a tercer debate en el Congreso; le restan seis por tratarse de una reforma constitucional.

Petro y algunos de sus principales aliados en el Congreso, como Iván Cepeda, tratan de vencer un acumulado de normas e ideas enquistadas en el Estado que se oponen a su agenda de cambio.

Así, se reiniciaron los diálogos regionales, en los que el gobierno piensa recolectar insumos para la presentación del Plan Nacional de Desarrollo. Serán 47 hasta fin de año.

En Ocaña, la segunda ciudad de Norte de Santander y la entrada al Catatumbo, una región fronteriza atravesada por la coca, los grupos armados y la pobreza, las organizaciones campesinas llegaron con propuestas ambiciosas: desde helipuertos para trasladar enfermos y fondos de tierras, hasta carreteras binacionales y una gran universidad pública para la región. Los empresarios y las organizaciones y partidos de derecha estuvieron ausentes. 

Finalmente, el peso colombiano cayó abruptamente ante el dólar norteamericano, cotizándose a 4 700 por uno, el más alto desde que se tiene registro, achacándose a los nubarrones económicos y políticos en el planeta y la desconfianza empresarial ante el gobierno de Petro, quien no dudó en culpar a Estados Unidos de todo el mal que pasa en el mundo, porque solo le interesa su bienestar, no importa que sea a costa de los demás.

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