Confusión y futuro incierto: ¿hacia dónde va Twitter con Elon Musk?

Twitter está sumido en una crisis estructural y de contenidos solo dos semanas después de que Elon Musk asumiera la dirección de la empresa, tras comprarla el 28 de octubre. Los despidos masivos, cuentas falsas verificadas y problemas de financiación han puesto a la red social contra la cuerdas y han hecho que muchos se pregunten: ¿es este el fin de Twitter?

En la madrugada del 28 de octubre Elon Musk finalmente lo consiguió: Twitter Inc. cayó en sus manos por 44.000 millones de dólares tras meses de negociaciones. Ahora, tan solo dos semanas después, ese sueño comienza a agriarse.

«No hay forma de endulzar este mensaje. La quiebra de Twitter no es descartable», escribió Musk en un correo electrónico a toda la plantilla el 10 de octubre, según una primicia de ‘Bloomberg News’.

Fue lo primero que vieron la mayoría de los trabajadores en la mañana del jueves. Una advertencia acompañada de medidas: la prohibición del teletrabajo a no ser que el mismo Musk lo aprobase personalmente y la obligación de trabajar al menos 40 horas semanales. Una nueva estrategia para intentar hacer frente a la creciente crisis interna de la plataforma.

«Para aquellos que son capaces de ir hasta el final y jugar para ganar, Twitter es un buen lugar (…) Y si no lo eres, lo entiendo totalmente, pero entonces Twitter no es para ti», añadió el nuevo directivo.

Y es que la bancarrota, auspiciada por la recesión económica en el país, y la salida masiva de trabajadores fundamentales de la empresa está poniendo a la red social contra las cuerdas. Todos estos factores, junto a los mensajes confusos de Musk, acrecentan las voces de alarma entre los usuarios de la red social y los rumores de que su fin podría estar más cerca que lejos.

«Mientras Twitter persigue el objetivo de elevar el periodismo ciudadano, la élite de los medios hará todo lo posible para evitar que eso suceda», escribía este viernes el estadounidense en su perfil.

Una reforma interna de alto riesgo que Musk y sus asesores -conocidos por los empleados de Twitter como «matones»- solo acaban de comenzar. 

Una oleada de despidos masivos que solo acaba de comenzar

Horas después de conseguir hacerse con Twitter, Musk convocó su primera reunión en la mañana del 28 de octubre en su edificio de San Francisco. El llamamiento era para los altos cargos de recursos humanos, encargados de llevar a cabo su plan de «reajuste», es decir, miles de despidos.

El equipo de recursos humanos advirtió a Musk de lo arriesgado del asunto, con despidos que iban en contra de los convenios con los trabajadores y podían costar miles de millones en demandas judiciales. No obstante, el directivo decidió seguir adelante hasta reducir casi a la mitad los 7.500 trabajadores con los que contaba Twitter.

La persona que se encargó de evaluar estos riesgos y definir más detalles sobre los despidos, Robert Kaiden, fue despedido al día siguiente de terminar con el encargo. Algunos testigos lo vieron abandonar el edificio, según ‘Bloomberg’ y ‘The New York Times’.

Otros altos ejecutivos recibieron su carta de despido por correo electrónico. Un director del departamento ingeniería informático vomitó en un cubo de basura tras recibir la orden de echar a cientos de trabajadores. Muchos tuvieron que quedarse a dormir en la oficina para poder cumplir con las órdenes de Musk.

El multimillonario ha eliminado incluso el día de descanso mensual pactado con los trabajadores desde el inicio de la pandemia, algo que ha contribuido a incrementar el malestar interno. Ahora, los empleados tienen más trabajo, más estrés por la amenaza de cierre de la empresa y menos tiempo libre. 

Una situación de descontrol que hizo que varios de los directivos renunciaran por su cuenta. En medio de la crisis de las cuentas verificadas, Yoel Roth, que ha supervisado la respuesta para combatir el discurso de odio, la desinformación y el spam en el servicio, dimitió el jueves, según la agencia ‘Reuters’.

«Ex jefe de confianza y seguridad de @Twitter», puso Roth en su perfil el jueves por la noche.

Él es uno de los muchos que han decidido abandonar el barco antes de que se hunda. La directora de seguridad de la información de Twitter, Lea Kissner, tuiteó que había renunciado el jueves. El director de privacidad, Damien Kieran, y la directora de cumplimiento, Marianne Fogarty, también lo hicieron.

Algo que ha hecho que muchas empresas como Volkswagen o General Motors hayan decidido retirar la publicidad de la red social. Al menos hasta conocer mejor la gestión que planea Musk y el riesgo que esta supone.

Una pérdida de mano de obra e ingresos por publicidad que se suma a la gran deuda de la plataforma. Twitter tiene una deuda de 13.000 millones de dólares y se enfrenta a pagos de intereses por un total de cerca de 1.200 millones de dólares en el próximo año. Los pagos superan los ingresos, que ascendían a 1.100 millones de dólares a finales de junio.

La confusión de las cuentas falsas verificadas

«En los próximos días, la prioridad absoluta es encontrar y suspender cualquier bots/troll/spam verificado», escribió Musk en el correo electrónico a sus trabajadores del 10 de noviembre.

Y es que Twitter no enfrenta solo una crisis interna, también está haciendo frente a una oleada de cuentas falsas que ahora han conseguido obtener el estatus de «verificadas».

Esto después de que el nuevo jefe decidiera subir el precio de las suscripciones de Twitter Blue a 8 dólares y añadir a estos la opción de poder verificar el usuario automáticamente. Una medida para conseguir que las suscripciones representen la mitad de los ingresos de la empresa, según dijo el propio Musk. 

El problema es que esto ha disparado el uso la verificación por parte de cuentas falsas, que se han hecho pasar por otras personas masivamente ya que solo necesitan pagar 8 dólares mensualmente para hacerlo.

Las suplantaciones de identidad han sido amplias: desde el expresidente de Estados Unidos, George Bush, hasta el mismo Jesucristo. Algo que, lejos de ser cómico o anecdótico, podría generar problemas a largo plazo.

Las personas e instituciones que han tenido la verificación siempre se han considerado una fuente fiable, ya que se asumía que su identidad estaba verificada. Pero ahora ya no es así, algo que podría llevar a confusiones en cuentas oficiales de presidentes, servicios de emergencia y otras instituciones públicas.

Otro tema que ha generado preocupación entre los usuarios es la libertad de expresión. Y es que aunque Musk asegure que quiere fomentar el «periodismo ciudadano», ha dejado clara su postura política en varias ocasiones, como en estas elecciones de medio término en las que expresó su apoyo a los republicanos.

Un torrente de sucesos que ha puesto a la empresa en una situación muy comprometida. El 31 de octubre, en paralelo a los despidos masivos, Musk decidió celebrar una fiesta de Hallowen en la que algunos empleados intentaron mantener la compostura y otros rompieron a llorar.

Ahora, la red social es vista como una inversión de riesgo y, a pesar de que sus usuarios están aumentando día tras día, su futuro es muy incierto.

Son muchos los que dan por sentado que este es el punto final de Twitter, al menos de tal y cómo lo conocen sus usuarios. Incluso han empezado a resonar nombres de otras redes sociales que la sustituirán cuando deje de existir.

Con Reuters y medios locales

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