Biden, errático: Dentro y fuera

Realmente, el norteamericano promedio, tan divorciado de la realidad del resto del mundo, funciona mentalmente tal como vive, si con facilidades o dificultades, y en este momento se encuentra exasperado por la alta inflación, con los costos excesivos de los combustibles y alimentos, la preocupación de perder el empleo, el nuevo rebrote de la COVID-19, el estar en un peligro latente a causa de los numerosos tiroteos, excesivos gastos en la educación y la salud, y depender, muchos de ellos, de bonos para obtener algunos alimentos; todo ello sin contar la latente discriminación que se refleja en el quehacer diario.

En este contexto, analistas indican que el descenso en recientes encuestas de la acogida presidencial se fundamenta en una serie de acontecimientos que han tenido lugar en las últimas semanas en el país, como el incremento de los precios de la gasolina, la ausencia de fórmulas para bebés en los mercados, los indicios de una probable recesión y el tiroteo masivo ocurrido este 4 de julio, que afectó los debates en torno al control de las armas.  

Así, a pesar de los esfuerzos para eliminar las deudas de los estudiantes universitarios y la fuerte campaña para que la población se vacune, el presidente norteamericano, Joe Biden, ve disminuida notablemente la aceptación de su mandato presidencial, que también ha sido golpeado por una Corte Suprema de Justicia que alienta el porte de armas, impide el aborto, y hasta estimula el incremento de un cambio climático que puede poner fin a la vida humana, todo aprovechado por sus opositores republicanos.

Ello ha contribuido notablemente a que solo el 29% de la población acepte su mandato, un 10% menos de lo que tenía el anterior presidente, Donald Trump, en igual período, mientras la desesperanza inunda a los votantes demócratas, principalmente a los jóvenes, quienes no quieren que Biden persista en su intención de reelegirse en el 2024.

Todo ello, por supuesto, beneficia a sus rivales republicanos, con diversas posibles aspirantes a la presidencia, incluido Trump, a pesar de estar siendo cuestionado por su presunta responsabilidad en el asalto de miles de sus simpatizantes al Capitolio el 6 de enero del 2021, con un saldo de cinco muertos, numerosos heridos y detenidos y destrozos en el inmueble, con el fin de impedir la juramentación de Biden como presidente.

Los estados de Hawai y Vermont son los únicos donde los partidarios de Biden superan en las encuestas a los oponentes, en sentido general; los mayores aliados del mandatario son los afroamericanos, con el 64% y el 56%, respectivamente, aunque las cifras de apoyo han descendido en relación con otros sondeos.

Solo el 13% de los votantes estadounidenses cree que el país va por buen camino. Para Biden, esta sombría perspectiva nacional ha llevado el índice de aprobación de su trabajo a un punto peligrosamente bajo. Como era de esperar, la oposición republicana es abrumadora, pero más de dos tercios de los independientes ahora también desaprueban el desempeño del presidente, y casi la mitad lo desaprueba rotundamente.

Solo el 70% de los demócratas aprueba el trabajo que está haciendo el presidente y, según The New York Times, «un número relativamente bajo para un presidente, especialmente para las elecciones intermedias de este año, cuando necesita reunir a los demócratas en las urnas para mantener el control del Congreso».

The New York Times también afirmó que hay una «gran desconexión» entre los continuos elogios del presidente por la economía —a pesar de los mencionados altos precios de la gasolina y la inflación récord— y los votantes.

INSENSATEZ EN POLÍTICA EXTERIOR

Cuando Joe Biden venció a Donald Trump hace año y medio, muchos se alegraron. La consigna general era: Hemos frenado al monstruo. Sin embargo, los acontecimientos han demostrado que, en el plano de la política exterior, el actual presidente no es mejor que el anterior.

Pero si en lo interno logró la inflación más alta de los últimos 40 años y que muchos estadunidenses hayan sido golpeados por el hambre y la pobreza, en lo externo tuvo que enfrentar la derrota en Afganistán y utilizar a su servil Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para llevar a cabo una confrontación sin sentido contra Rusia, obligándola a lanzar una operación militar especial en Ucrania.

Y es que Biden, como el resto de los políticos estadounidenses, aprendió rápidamente que quienes los eligen no son los votantes, sino los donantes; y elevó sin cesar los gastos en defensa —que ya son de 840 000 millones de dólares, récord— para tratar de que el pueblo norteamericano crea que mientras más cueste ese rubro, más seguro se sentirá.

Sin embargo, la ejecución horrorosa e, incluso, culposa, por Biden y su equipo —por otra parte, necesaria— de la salida de Afganistán, en agosto del 2021, ha sacudido esa concepción tan arraigada en el pensamiento de los estadounidenses, quienes, el año pasado, fueron testigos directos de que las inversiones tan altas que el país realiza en defensa no están teniendo el resultado que todos los ciudadanos esperaban.

En otro escenario, desde finales de diciembre del 2021, la torpeza —¿maldad?— del gobierno y de quienes realmente mandan, están arrastrando a Europa y al mundo a la peor crisis de seguridad desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando desapareció la Unión Soviética, lo hizo también el Pacto de Varsovia, que era el Tratado de Amistad, Cooperación y Asistencia Mutua de Varsovia, que estuvo en existencia entre 1955 y 1991, por el que se establecía una organización de defensa mutua compuesta originalmente por la Unión Soviética y Albania (hasta su retirada en 1968), República Democrática Alemana (lo dejó en 1990), Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia y Rumanía. Hasta ese momento, la OTAN estaba virtualmente anulada, pero a partir de entonces sirvió regiamente a los planes de Estados Unidos, al bombardear en 1999 a la República Federal de Yugoslavia.

Y es que, pesar de las recomendaciones de aquellos que diseñaron la política de contención de EE.UU. frente a la URSS, tras la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, de que no se cometiera el error fatídico de extender la huella de la OTAN hasta la frontera occidental de Rusia, Biden ha continuado con ese propósito insensato.

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