Otra vida para El Tabloncito

Los pobladores de El Tablocinto, en Cumanayagua, aguardan por la reanimación completa del poblado./Foto: del autor

A pocos kilómetros del centro urbano del municipio de Cumanayagua se localiza El Tabloncito, un asentamiento rural que décadas atrás vivió momentos de esplendor, cuando aquel programa ganadero en las montañas. Hoy su realidad es más nublada, con el visible deterioro de inmuebles, caminos y espacios públicos.

Sin embargo, para restituir los colores de antaño, el gobierno impulsa allí varias acciones de reanimación, con el propósito de mejorar la calidad de vida de los 130 pobladores de la comunidad, la mayoría adultos y personas mayores, quienes trabajan fundamentalmente en el sector de la agricultura.

Unas 20 viviendas en estado de precariedad son reparadas en el asentamiento./Foto: del autor

Hasta ahora, las principales faenas se concentran en el rescate de los servicios —muy limitados por tratarse de una población tan pequeña—, así como en la reparación de la escuela y del centro recreativo, obras ya concluidas y de gran impacto en el día a día de los habitantes de El Tabloncito.

“Ya vemos que esto se ha  transformado algo, porque se arregló el círculo recreativo, el parquecito, la escuela, la bodega; incluso, se están reparando casas que estaban en malas condiciones”, dijo Teresa Dignora López Martínez, vecina del poblado desde hace casi 30 años.

“Respecto a cómo vivíamos meses antes, los cambios se notan. Pero todavía —agregó— faltan por solucionar los problemas constructivos de otros domicilios, y deben terminar los caminos, que en ocasiones resultan intransitables”.

El fondo habitacional aparece como una de las prioridades en la atención a esta comunidad vulnerable, pues de 65 viviendas existentes, cerca de 20 se encuentran en situación de precariedad.

Una de las beneficiadas con la reparación de su casa en El Tabloncito es Lidia Díaz Gómez, de 67 años, a quien se le iluminan los ojos cuando habla del hogar confortable que tendrá después de tanto tiempo. “Fíjate si mi vivienda estaba malita, que uno tocaba las paredes y se caían. Ahora estoy en un ‘ranchoncito’, pero muy contenta, porque creo que para el mes próximo ya termina la construcción”, expresó.

Aunque mucho queda por hacer en este asentamiento, sus habitantes aguardan por esa otra vida prometida al poblado, para dejar a un lado las viejas heridas y comenzar otra vez con nuevos aires.

Lidia Díaz Gómez, una de las beneficiadas con la reconstrucción de su casa./Foto: del autor

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