Fidel y la Revolución de los jóvenes

El 20 de abril de 1959, frente a estudiantes y profesores de la Universidad de Princeton, en Estados Unidos, Fidel Castro afirmó:

«Esta Revolución no se hizo por una clase, es un hecho importante. No fue hecha por una clase, fue hecha por la juventud; por lo menos fue la juventud la que comenzó la revolución y entonces el pueblo fue uniéndose a ella, y después de la juventud fueron los campesinos, estos hombres que viven en la tierra, fuera de las ciudades, porque fueron ellos los primeros en venir».

Hablaba del pilar fundamental del proceso, del empeño de una generación. La juventud cubana hizo la Revolución. El propio Fidel, líder indiscutible del proceso, contaba apenas con 32 años en el momento del triunfo. No era de extrañar entonces el espíritu renovador de hombres y mujeres que bebían de una tradición de casi un siglo de luchas por la independencia y la soberanía, y que contaban con la fuerza, el entusiasmo, la energía del que comienza a vivir.

Algunos historiadores han resaltado el vínculo estrecho de Fidel Castro con los jóvenes, que se puso de manifiesto hasta los últimos años de su vida. No fue nunca el anciano que imponía desde la mera autoridad; era el compañero de viaje, que aleccionaba y aconsejaba desde una experiencia vital.

Pero los basamentos de esa relación hay que buscarlos en reflexiones de su propia juventud, al frente de una gesta inmensa. Reconociendo el impulso decisivo de su generación, apostó siempre por la confluencia de todo un pueblo.

En un discurso en el almuerzo ofrecido por los miembros del Directorio Estudiantil, en Río Cristal, afirmaba:

«(…) cuando en el futuro se hable de esta obra revolucionaria, se hablará de una sola generación, porque en este minuto histórico se han unido todas las generaciones, en este minuto histórico somos una sola generación en pie de lucha, obligados todos a poner nuestro esfuerzo, obligados todos a hacer lo que esté al alcance de nuestras manos, obligados todos a luchar, porque se está defendiendo lo que ustedes quisieron hacer, se está defendiendo lo que quisieron hacer nuestros mambises, se está defendiendo lo que quiere hacer nuestra juventud».

La confianza en los jóvenes no era simple consigna. Siempre fue declaración de principios.

«Y en esta juventud están puestas las esperanzas de la Revolución, en esta juventud están puestas las más legítimas esperanzas de nuestro pueblo, y en esta juventud están puestas también las más legítimas y las más humanas esperanzas de nosotros, los revolucionarios, de todos los revolucionarios», decía en su discurso en el acto homenaje a los mártires del asalto al Palacio Presidencial, en la escalinata de la Universidad de La Habana, el 13 de marzo de 1962.

A esa escalinata, a esa universidad regresó muchas veces, como si el reencuentro con los estudiantes fuera para él una necesidad. En ese acto concluía:

«Y a esta juventud hay que hablarle, a esta juventud hay que exhortarla, a esta juventud hay que educarla, hay que orientarla, hay que forjarla; hay que hacer de esta juventud lo que todos soñamos para el porvenir, hay que hacer de esta juventud lo que todos soñamos que habrá de ser el pueblo del mañana, las generaciones nuevas de la patria; hay que hacer de esta juventud lo que todos nosotros habríamos querido ser, lo que todos nosotros habríamos querido vivir con ustedes; hay que hacer de esta juventud, sencillamente, el porvenir».

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