Dengue: el problema no es sólo de Salud Pública (+Fotos)

Contra el dengue, como en la COVID-19, la batalla no puede ser de un solo lado. De esa cuerda, para destensarla, no debe halar únicamente Salud Pública.

En la prevención —tan vital como la cura misma— debieran participar otros organismos, con los Servicios Comunales y el Acueducto a la avanzada, pero respaldados por un amplísimo —y en mi percepción todavía lánguido— movimiento popular generado por estructuras comunitarias (delegados del Poder Popular y sus comisiones) y las organizaciones de masas.

En la cienfueguera calle Dorticós hace mucho tiempo basura y derrame de aguas mellan la higiene.

En movilizar al barrio, forjar en él un verdadero hervidero de higienización, hacer que esta última sea sostenible y no cosa de un día o una semana, tienen responsabilidad absolutamente todas las organizaciones, dependencias estatales y empresas que en él convergen.

En lo anterior insistía recientemente el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez, durante una reunión del Grupo de Trabajo del Gobierno cubano para dar seguimiento a la situación epidemiológica del país. Allí Díaz-Canel reconocía que ha avanzado poco el enfrentamiento a la enfermedad y reseñaba la necesidad de más participación popular.

A simple vista hoy, en Cienfuegos, no es perceptible ese despliegue de limpieza que hace falta: prima aún el enyerbamiento en muchos espacios y los derrames de aguas de todo tipo no abandonan el panorama urbano.

En la propia Calle Dorticós, un derrame de aguas albañales complica el panorama higiénico urbano.

Chapear alrededor de edificios multifamiliares y viviendas no debiera ser una tarea víctima de la dejadez, como tampoco colocar en los lugares más críticos otros aditamentos —que no están en manos de la comunidad, sino de empresas y organismos— como retroexcavadoras, buldócer y cuanto equipo componga la logística de las aquí conocidas como labores de “improntas”.

Por supuesto que la crisis de combustible incide en que no veamos, con la frecuencia de tiempo atrás, estos equipamientos en función de la higiene, pero las actuales circunstancias sanitarias conllevan esfuerzos extra.

Si tenemos en cuenta que, en la actual alza, además de las habituales condiciones climáticas del verano (lluvias, calor), inciden nuevas complejidades como la ya mencionada carencia de combustible para fumigar (en la cabecera provincial se proyectaba llegar este agosto a poco más del 60 por ciento del universo), por solo citar un ejemplo, no nos queda otra que apelar a la prevención comunitaria para que no prolifere el mosquito.

Prevención, por cierto, que empieza en la vivienda, con ese tantas veces mencionado auto-focal, que no debe convertirse en palabra trillada de la promoción de salud, sino hábito familiar para iniciar desde casa la campaña antivectorial.

Un microvertedero espontáneo (costado de calle 57 cerca de Avenida 5 de septiembre), deteriora la limpieza alrededor de edificios multifamiliares.

Otras dificultades gravitan sobre esta última, y las ponía en contexto el doctor Edelys Molina Moreira, subdirector del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología en el área de la lucha y vigilancia antivectorial. Él reseñaba la obsolescencia tecnológica del equipamiento de la campaña, donde en el municipio de Cienfuegos existen aproximadamente 55 bazucas, entre 8 y 10 años de explotación, de las 103 requeridas. También el daño provocado por el cloro, durante la pandemia de COVID-19, a las llamadas fumigadoras “IKA”.

El efecto de acciones sanitarias como la pesquisa o la ampliación de capacidades hospitalarias para la atención de enfermos, puede debilitarse si no se acompaña de chapeas sistemáticas, eliminar salideros, recoger micro vertederos espontáneos o asfaltar, rellenar o subsanar baches —tan comunes— que acumulan agua.

A escasos 10 metros de separación, dos enormes salideros “adornan” la avenida 66 entre 31 y 33. El agua corre como río por toda la calle, destruida por la acción del líquido, anunciando su llegada desde hace varios meses, e incluso, uno de ellos afecta a los vecinos desde hace varios años. Un enjambre de mosquitos, hierbas, basura…, forman parte del ¡¡¡“performance”!!! citadino.

Expandir en la ciudad, y provincia, la limpieza en calles, aceras, áreas verdes y cada escenario donde la suciedad pueda “complicar el inning”, no es ya una alternativa o proyección, sino necesidad impostergable. Si antaño las acciones en ese sentido respondían a la belleza de los entornos urbanos, o a solucionar quejas de la población, hoy se trata del bienestar y la salud de la gente, y de no colapsar el sistema de salud, blanco todavía del impacto de la COVID-19 en sus estructuras.

Aunque parezca asunto colectivo —y lo es— no vendría mal ponerle nombre y apellido a cada tarea, comprometer a cada sector, organismo o empresa con responsabilidad en el asunto; también a otros que tal vez no la tengan directamente, pero cuenten con recursos y puedan apoyar así la solución de este, un problema que afecta a todos.

A escasos 10 metros de separación, dos enormes salideros “adornan” la avenida 66 entre 31 y 33. El agua corre como río por toda la calle, destruida por la acción del líquido, anunciando su llegada desde hace varios meses, e incluso, uno de ellos afecta a los vecinos desde hace varios años. Un enjambre de mosquitos, hierbas, basura…, forman parte del ¡¡¡“performance”!!! citadino.

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