Casita infantil rural, modelo del buen hacer en Cienfuegos

Maikol es un niño hiperactivo. No hay más que ver sus constantes movimientos de un lado a otro, la conducta con los demás infantes y hasta los impulsos en sus actos para corrobar tal comportamiento. Sin embargo, esa propia actitud la aprovecha la “tata” Orialys Moreira Moreira para encauzar la formación de buenos hábitos y costumbres. “Y sí que lo he logrado”, sostiene la educadora y responsable de la casita infantil Los pequeños gigantes.

La instalación surge hace cinco años en pos de la atención y cuidado de los pequeños de las madres trabajadoras de la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) 26 de Julio, en la provincia de Cienfuegos, e incertado en el programa de las vías no formales Educa a tu hijo. La iniciativa está vinculada al proyeto de desarrollo local de la minindustria La Guajira, auspiciado por la Plataforma Articulada para el Desarrollo Integral Territorial, (PADIT).

“En estos momentos atendemos cuatro chicos de la primera infancia en el horario de 8.00 a.m. a 4.20 p.m, pero también otros seis de la escuela primaria se incorporan en la sesión de la tarde. Desarrollamos actividades y tareas educativas de acuerdo con la edad de la matrícula, y puedo asegurar que existe un criterio muy favorable por parte de los padres y la comunidad en general, e incluso esa misma impresión se llevan las numerosas visitas que han estado por acá”, precisa la también fundadora del centro.

En el diálogo interviene Yadira Segura González, la madre de Javier, quien aprovecha para agraceder a la institución por las esmeradas atenciones y educación dispensadas a su hijo, tanto cuando estuvo aquí hasta los cuatro años, como posteriormente de alumno de primaria.

“Maikol es un buen ejemplo de cuánto puede lograr la paciencia y el amor”, refiere la además almacenera de la “26 de Julio”.

“Llegó aquíy no sabía comunicarse a la hora de orinar; ahora ya avisa, a su manera de dos años, cuando tiene el deseos de ‘hacer pipi’, eso sin contar otros muchos adelantos”.

El reducido colectivo de “Los pequeños gigantes” lo completa la elaboadora de alimentos Mairina Rodríguez Pérez. Aunque su principal función es preparar la dieta diaria para el almuerzo de los niños y la merienda matunina y vespertina —que dicho sea de paso garantizan los cooperativistas de la CPA—, la joven también contribuye a la formación de “mis pequeños tesoros”, como los llama.

“Me encanta compartir con Orialys cuando desarrolla sus métodos con los niños, comenta Mairina, por eso me sumo, cada vez que tengo el tiempo, para intercambiar juntas los juegos didácticos y de roles y otras actividades docentes en cada una de las jornadas del día”.

Ambas educadoras muestran con orgullo el resultado del reconocimiento a la labor que realizan. Un simple recorrido por la “casita” permite apreciar parte de la recompensa por tan noble empeño en interés, no solo del beneficio social que reporta a las familias campesinas, sino también, a la repercusión económica para las madres trabajadoras y la base productiva. Entonces le enseñan al equipo periodístico los confortables juegos de muebles, el moderno refrigerador, la cocina de gas y otros efectos electrodomésticos donados por la tilular del Ministerio de Educación y otras autoridades de la provincia.

Asimismo, fuimos testigos del número de medios de enseñanza confeccionados por ellas mismas o las madres de los niños, que se suman a la iniciativa cada vez que hace falta. Luego, no hay dudas de que la casita infantil rural de la comunidad 26 de Julio, en el municipio de Abreus, es modelo del buen hacer.

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