Del amor en tiempos de la Inteligencia Artificial

Desde que hace algunos años la Inteligencia Artificial entró por la puerta ancha a la palestra pública, podemos decir con confianza que prácticamente no hay ámbito de la sociedad global que haya quedado libre de impactos. Lo cierto es que nada de esto era realmente nuevo cuando Chat GPT se puso a disposición del mercado en forma de aplicación móvil, se trata de un trabajo de muchos años que discurrió en lo esencial alejado de la atención mediática. Lo realmente novedoso residió en que por primera vez existiese un acceso más o menos generalizado a una herramienta tan avanzada.
Hoy son muchas las herramientas disponibles, algunas más avanzadas que otras, algunas más accesibles que otras, pero una diferencia notable es que mientras algunas compañías restringen el acceso a sus herramientas o cobran por ello, otras ofrecen acceso a servicios de altísima calidad de forma completamente gratuita.
Hoy es demasiado fácil hacer tareas, trabajos prácticos y trabajos finales de manera rápida y sin mucho esfuerzo, tan rápido y sin esfuerzo que el estudiante queda por lo general sin aprender nada cuando recurre a estos métodos. O peor todavía, por confiar en la inteligencia artificial termina por entregar un trabajo sin calidad, sin profundidad y sin una relación real con su contexto o con la educación que recibe.
Hay quienes se creen a salvo de todo cuestionamiento, pensando que mientras no admitan que su trabajo se escribió con inteligencia artificial nadie podrá afirmar lo contrario. Pero como el que hace la ley hace la trampa, las mismas compañías que ponen al servicio de todos la inteligencia artificial, también crean herramientas para detectar cuando un texto fue escrito por Chat GPT, DeepsSeek, Gemini o cualquier otro chatbot. Pero lo cierto es que un profesor de historia de cuba raramente necesita ir tan lejos, esas inteligencias artificiales carecen del contexto para operar bien dentro del ámbito del sistema educativo, sus respuestas con frecuencia no tienen, como decíamos antes, ni calidad, ni profundidad, ni dominio del contexto cubano y sus particularidades.
Entonces ¿Es mala la inteligencia artificial? En lo personal, creo que no. Estamos en las fases iniciales de evolución de esta herramienta y por una cuestión de mínima coherencia histórica debemos recordar que de cada nueva herramienta en sus primeros momentos se afirmó que era negativa. Hubo un momento en la historia en que se afirmaba con mucha seriedad que los libros eran peligrosos para el alma, también la electricidad, internet, las enciclopedias en línea, los trenes y hasta los periódicos tuvieron sus detractores.
La inteligencia artificial tiene a su favor que, al estar entrenada sobre grandes masas de datos, puede “recordar”, entre comillas, cantidades de información fuera del alcance de una mente humana. Pero en su mayor fortaleza está también su debilidad más engañosa, porque esos modelos son entrenados sobre los datos disponibles, y eso quiere decir que las publicaciones cubanas sobre historia de Cuba, Antropología, etnología, o simplemente aquellas escritas en idiomas menos representados en la internet, como por ejemplo la mayoría de los idiomas africanos, no están debidamente representadas en el “conocimiento”, también entre comillas, de Chat GPT o DeepSeek.
Si usted le pregunta sobre temas no polémicos y de amplio conocimiento, como por ejemplo ¿Cuantos idiomas se hablan en China?, sus probabilidades de encontrar una respuesta válida son altas. Pero si le pregunta ¿Cuántas veces los hombres al mando de Antonio Maceo usaron sables de príncipes españoles como utensilios de cocina en sus campamentos?, esa respuesta la Inteligencia Artificial se la inventará sin reparos, porque la respuesta está en el libro Hombradía de Antonio Maceo, escrita por Raúl Aparicio.
¿Cuál es la solución a este problema? LA educación, no hay otra, y en eso la inteligencia artificial tiene mucho que ofrecer, pero cuando se la usa como lo que es, una herramienta que emplear con mucho cuidado, porque no sustituye ni puede sustituir nuestra capacidad para razonar, aprender, cuestionar y debatir. Se trata de un buen punto de partida para comenzar a investigar sobre un tema cualquiera, pero en cuanto entramos en los detalles matizados o en cuestiones polémicas su utilidad se reduce considerablemente.
Por eso, aunque algunos parecen haberse acostumbrado a no pensar demasiado, lo cierto es que la educación sigue siendo el único camino posible.
