Palestina: ¿Sin solución pacífica?

Mientras una flamante premier británica dice que no le temblará la mano si tiene que apretar el botón nuclear, amenazando a Moscú; Estados Unidos intenta destruir a Rusia y China utilizando sus respectivas opciones de Ucrania y Taiwán, y los cubanos enfrentamos sin doblegarnos al criminal bloqueo que el Imperio nos impone, el pueblo palestino encara quizá una más difícil situación que pasa por la limpieza étnica a la que le someten cada segundo los genocidas sionistas.

Estos criminales están amparados por ese Imperio que los inyecta militar y económicamente, desarrollando una maquinaria bélica que agrede a Siria, destruye sistemáticamente a El Líbano, mantiene en vilo a otras naciones árabes de la región y amenaza atómicamente a Irán.

Ante la decisión de grupos independentistas de mantener la lucha armada contra la ocupación, Tel Aviv intensifica una limpieza étnica que comprende la expulsión de los palestinos de Jerusalén, a quienes les prohíbe visitar los lugares sagrados del Islam; amplía los asentamientos en Cisjordania y mantiene intermitentes bombardeos a Gaza —un virtual bantustán—, donde tienen encerrados a cerca de dos millones de palestinos.

Precisamente, por estos días Gaza es escenario de bombardeos por la aviación y la artillería de Israel, de incursiones del ejército y ataques a embarcaciones pesqueras, causantes de cerca de 200 muertes, 27 de ellas de niños, bajo la justificación de que el grupo Hamás ha lanzado algún que otro cohete contra poblados israelíes.

Algunos aliados europeos de Tel Aviv han solicitado a las autoridades sionistas que no clausuren seis organizaciones defensoras de los derechos humanos de los palestinos, indicando que no tienen nada que ver con la resistencia armada, pero las nuevas autoridades sionistas, como si hubieran sido las anteriores, no hicieron caso alguno.

Pero no todo es victoria y fiesta del lado de Tel Aviv, porque las distintas insurgencias palestinas han tomado forma y hasta exhiben victorias contra el ocupante en las zonas aledañas a la frontera con El Líbano, dentro del territorio sirio ocupado del Golán y hasta en las propias calles de la capital y otras ciudades israelíes.

A todo lo cual, Israel responde con más persecuciones, verdaderos pogromos y encierros de palestinos de cualquier edad, sin que la comunidad internacional haga algo digno al respecto, en tanto las resoluciones de Naciones Unidas sobre los derechos del pueblo palestino siguen siendo ignoradas por Tel Aviv.

Es un mal que nació desde que el decadente Imperio Británico fuera el principal puntal para que se creara un Estado judío en Palestina, algo que añoraban los filósofos del sionismo, santificado por las potencias occidentales en 1918.

Pero lo que debía haber sido la creación de dos estados, uno israelí y otro palestino, en la tierra de Palestina, se ha convertido en una corriente de un solo lado, con un ente que reprime y otro que trata de subsistir y aferrarse al territorio que le pertenece.

Como señalan algunos estudios que analizan los hechos al respecto, recogidos por el colega Habana Radio, la solución pacífica se aleja y los planes imperialistas son una cortina de humo para que Tel Aviv complete su política de genocidio con los palestinos que intenten evitar la expulsión.

Es lo único que se puede esperar de un Estado confesional, con claras raíces racistas y una ideología excluyente como el sionismo.

Así, las negociaciones son inviables, ya que mientras Israel tenga superioridad militar y dicha ideología se mantenga vigente, ese Estado no estará dispuesto a compartir su territorio con árabes o con personas de otras religiones, por la amenaza demográfica que esto significaría para la inferioridad numérica judía.

Por esto, la reacción torpedea la creación de un Estado binacional. Por otro lado, como los sionistas consideran que su proyecto estatal está inconcluso y siguen edificando asentamientos (política de Estado en Israel) y desplazando a los palestinos o arrebatándoles su tierra, no hay forma de negociar fronteras, ya que están en pleno proceso de expansión y no se observa un poder real que pueda coaccionarlos para que respeten la legislación internacional, es decir, las resoluciones de Naciones Unidas.

Esto, de alguna manera, refuerza las causas primeras del conflicto, ya que Israel siempre ha tenido argumentos para no negociar y ha trabajado o se ha aliado siempre con la potencia de turno (primero Reino Unido y Francia; luego Estados Unidos), mientras no respeta el Derecho Internacional, ni el Derecho Internacional humanitario, ni tampoco los derechos humanos.

Y es que Israel todo lo fundamenta en razón de su seguridad nacional o espacio vital.

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