Jóvenes cienfuegueros en Pinar del Río: Compartir trabajo y certezas

Probablemente ninguno de ellos haya estado antes en la región de Vueltabajo; sin embargo, atesoran la más reciente experiencia como inolvidable y enriquecedora.

Estudiantes, trabajadores, combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior, además de instructores de arte, 25 en total, anduvieron de hermanos solidarios y llegaron hasta predios pinareños para compartir trabajo y certezas.

Quizás las valoraciones de Wilber Michel Armenteros Hernández, estudiante de la Universidad de Ciencias Médicas de Cienfuegos nos sirvan para comprender cuán enriquecedora resulta la solidaridad.

“A medida que fuimos adentrándonos en el territorio de la hermana provincia, nos dimos cuenta de que más que lo material con lo que podíamos ayudar allí, tendríamos que depositar una gran carga espiritual, brindar nuestra mano solidaria en las tareas de impacto social y trabajos de recuperación, teníamos que ofrecerles nuestro corazón”, asegura.

No olvida Wilber los destrozos de Ian en la sede pedagógica de la universidad pinareña, uno de los sitios en que laboraron; pero hay una imagen que recuerda muy bien: “vimos una ciudad que trabaja y alberga sueños, porque los cubanos no conocemos la palabra rendición, solo sabemos que en los momentos duros es la hora de la solidaridad y el amor compartido”.

Parte integrante del contingente juvenil perlasuerño en Pinar del Río, fue el miembro del buró municipal de la Unión de jóvenes Comunistas en Cienfuegos, Jorge Misas Hernández. “Hicimos la convocatoria y tuvimos una respuesta muy favorable de los jóvenes. Fuimos a trabajar en lo que hiciera falta y entregamos donaciones, recogidas entre los estudiantes y trabajadores de varios sectores

“Estuvimos tres días y dos noches, pero laboramos con intensidad”, dice y rememora las labores recuperativas en las diferentes sedes de la Universidad de Pinar del Río y también su presencia en una de las comunidades vulnerables, de tránsito y de las más castigadas por el huracán. “Era  nuestro deber llegar hasta El Avioncito. Allí realizamos una actividad hermosa y les regalamos una tarde de alegría, cantos, juegos; además de que les entregamos a las familias más vulnerables, un grupo de recursos que a manera de donación llevamos a Pinar”, afirmó.

“En la comunidad de El Avioncito encontramos un lugar destruido y es algo muy triste; pero ver la sonrisa en el rostro de aquellos niños fue un hálito de esperanzas y una fuente de nuevos sueños por alcanzar. Ver los niños reír es como descubrir una mina de felicidad y los más bellos sentimientos;  valió la pena llegar hasta allí”, asegura Wilber.

No hay duda de que  ha sido una experiencia enriquecedora y así lo confirman Jorge y Wilber.

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